Despréndete de lo superfluo

La Hora

Domingo 19 de marzo de 2017

El joven príncipe Siddharta Gautama, que con los años se convertiría en el Buda supremo, renunció a todas sus riquezas y vivió como mendigo para alcanzar la iluminación, un estado mental donde la felicidad es absoluta.

Eso ocurrió unos 500 años antes de Cristo y, desde entonces, algunas cosas han cambiado. Si bien se podría seguir su ejemplo de desprendimiento de lo material, no sería una condición indispensable. Al menos así lo explica Gerardo Cisneros, quien desde hace nueve años es estudiante de budismo en la corriente Camino del Diamante.

“En el mundo moderno vemos el desapego como el no aferrarse a las cosas, pero sí disfrutarlas. Nuestro Lama Ole Nydahl da un ejemplo de esto: es como cuando vas a un hotel superlujoso, usas todo, disfrutas al máximo, pero sabes que al día siguiente te vas de ahí”.

En concreto, no se trata de abandonar todo y ponerse a meditar para ser feliz.

De lo que sí hay que desprenderse, explica Cisneros, es de los hábitos que no son útiles. “Entendemos que las cosas que nos rodean no son duraderas. Por ejemplo la casa, el auto, la familia, los hijos, en algún momento van a dejar de existir, igual que nuestro cuerpo, es inevitable. Pero nuestros hábitos no útiles hacen que nos apeguemos a esas cosas y desperdiciemos gran cantidad de energía en esos elementos no duraderos”.

¿Dejando esos hábitos se puede ser feliz? Sí y no. Es solo un paso para conseguir el objetivo final de esta corriente del budismo y que su Lama describe como la felicidad: “Poder ser útil la mayor cantidad de tiempo y de manera constante para el resto de las personas”.

Casi hermana de esa postura es la que sostienen los Hare Krishna. Para ellos “la felicidad proviene de hacer lo que está de acuerdo con nuestra naturaleza, con nuestros gustos, y al mismo tiempo es una ayuda para los demás, algo que vuelve tu vida significativa, digna”, explica Cristóbal Troncoso, devoto hace más de 17 años.

Para lograrlo, hay que dejar de lado lo superfluo, que no son las cosas materiales, sino la visión material de las cosas.

Esto que parece un trabalenguas no es una invitación a deshacerse de las cosas materiales, sino a aprender a darles una utilidad espiritual. Se trata de “abandonar la idea de querer disfrutar de manera egoísta, dejar la conciencia de explotación y sustituirla por la conciencia de dedicación amorosa, de servicio y visión espiritual”, comenta Troncoso, cuyo nombre espiritual es Mangal.

Y la que podría ser la madre de estas dos corrientes espirituales, la No-Dualidad, propone el conocimiento profundo de uno mismo como camino para la felicidad plena. “Cuando sabes cuáles son tus carencias y limitaciones y te das cuenta que eres más que eso, entonces eres pura felicidad”, explica el maestro de la No-Dualidad Rodolfo Malak.

En el proceso de conocerse hay “desprendimiento, sacar de uno las obstrucciones, los egoísmos, la negatividad que nos complica”. Hay que dejar de lado todo lo que impide entender la no-dualidad, que significa “no-dos” o “no-separación”, en el sentido de que todas las cosas están interconectadas y no separadas, mientras que al mismo tiempo todas las cosas mantienen su individualidad.

En palabras de Malak, “una conciencia de no-dualidad te da una perspectiva más amplia de la vida, un mayor sentido de libertad, y te produce una felicidad más estable”.