Cómo se cuida en Chile a las lenguas originarias

Carola Julio

Miércoles 22 de febrero de 2017

Cuenta la leyenda que fue una paloma la que nos devolvió el lenguaje. Coxcox y Xochiquetza, una pareja de enamorados que sobrevivió a un gran diluvio escondidos en el hueco de un ciprés, tuvo varios hijos que nacieron mudos.

El Gran Espíritu les dio el habla, pero todos aprendieron lenguas distintas. Así describe la mitología el origen de todas las lenguas que se hablan en Latinoamérica.

En Chile se reconocen seis lenguas maternas activas: el mapudungun, aymara, quechua, rapa nui, yagán y kawésqar. Algunas están en estado crítico, pero existen diversas iniciativas para rescatarlas.

La conmemoración del Día Internacional de la Lengua Materna fue impulsada en nuestro país por la Comisión de Pueblos Originarios de la Política Nacional de la Lectura y el Libro, mesa de trabajo integrada por instituciones públicas y organizaciones de la sociedad civil.

Varias de las propuestas para la preservación del lenguaje provienen del Consejo Nacional de la Cultura (CNCA) y abarcan, fundamentalmente, cinco áreas: la tradición oral en el pueblo Rapa Nui, Fomento a la lectura y la creación en la lengua originaria, bilingüismo en las escuelas con un 20% o más de alumnos de origen étnico (esto por parte del Mineduc), y un proyecto de educación intercultural en jardines de la Junji.

José Ancan, jefe del Departamento de Pueblos Originarios del CNCA, rescata la importancia de difundir y proteger los idiomas de nuestros pueblos originarios. “Las lenguas son un vehículo de transmisión de saberes y de diversidad cultural irremplazable. La diversidad lingüística así concebida, se constituye incluso como un reflejo de todas las diversidades, inclusive de la naturaleza”, dice.

Según Ancan, el desplazamiento de la raíz lingüística tiene un origen violento y arrasador. “Muchas de ellas sencillamente han desaparecido como consecuencia directa de la violencia, los desplazamientos y la imposición de una lengua hegemónica. Sin embargo, una lengua dada por desaparecida es posible de revitalizar en la medida que exista voluntad de los miembros de ese pueblo por revitalizarla.

“Estos procesos pueden tener éxito si es que se transforman en emblema político cultural de los pueblos que las reivindican y también si existe voluntad del Estado a través de sus diversas instituciones, de hacerse cargo de ese proceso”, esgrime la autoridad.

Los protagonistas

La lengua kunza no solamente se habla, se actúa. Es en la acción donde radica el valor tradicional de este idioma: cada palabra conlleva una acción. Para Ilia Reyes Aymani, educadora de lengua y cultura atacameña y miembro del Consejo Lingüístico Kunza de San Pedro de Atacama, esa acción está hoy en día en buscar el equilibrio.

El lenguaje, para Reyes, no solo es una cuestión de cómo expresarse y encontrar a los pares, sino que “es mantener la cultura, mantener las raíces de nuestros ancestros. La lengua debe perdurar para la identidad del pueblo”, afirma.

Es que, en esta acción llamada a realizar por el kunza, radica el principio de la identidad local. “Cuando hay tradición, cultura e identidad hay algo que sostiene que es la raíz: somos como un árbol, cuando hay buenas raíces el árbol no se cae. Esa es la verdadera importancia de preservar el lenguaje. A los niños hay que enseñarles eso, que se sientan gratos de pertenecer de dónde vienen”, asegura la educadora.

María Virginia Haoa, es un “Tesoro Humano Vivo” desde 2012 y se dedica a preservar y educar acerca de la lengua Rapa Nui. Haoa lleva años en este intento y asegura que la tarea es lenta y compleja.

“Ha sido difícil, muy difícil, porque es muy fuerte la presión del español dentro de las familias, de la comunidad, los servicios públicos, entonces el idioma nuestro está en segundo plano”, y agrega con desazón que “en nuestro caso (el Rapa Nui), la lengua está muy cerca de extinguirse”.

Haoa interpreta el lenguaje como un modelo de vida y aquí resalta su valor. “Si yo hablo en mi idioma de raíz, la lengua va apegada al propio ser, a la identidad, a su cosmovisión. Es una tremenda riqueza; conlleva interpretaciones diferentes, alternativas diferentes a la resolución de los problemas, modos de vivir diferentes”, concluye.

Según datos de la Unesco existen a lo menos 6.000 lenguas consignadas que están en constante riesgo de desaparición. Es más, cada dos semanas una de ellas se pierde.