María Riot: La activista del feminismo y la prostitución

Emma Antón

Viernes 17 de febrero de 2017

Para María Riot, ser prostituta, actriz porno y feminista no es una contradicción. Esta argentina de 25 años explica que cuando el feminismo plantea que hay que rescatar a las trabajadoras sexuales, lo que está haciendo es victimizar a la mujer y quitándole su capacidad de poder elegir lo que quiere hacer con su vida.

Desde su adolescencia, Florencia se sintió fuertemente atraída por todo lo que estuviera relacionado con la sexualidad. Por ese motivo, hace cuatro años decidió que la forma en que quería ganarse la vida era capitalizando su erotismo: descubrió que el trabajo sexual la hacía sentir cómoda, le resultaba fácil y era empoderante. Ahora tiene 25 años y es conocida como María Riot, pero su carrera comenzó cuando usaba webcams para hacer shows eróticos de forma gratuita, en Buenos Aires, Argentina.

Poco después de incursionar en este mundo descubrió que una compatriota hacía lo mismo, con la diferencia que ganaba plata. Se contactó con ella y empezó a trabajar en una oficina, como un trabajo normal, en donde marcaba hora de entrada y salida.

Todo cambió cuando empezaron a preguntarle si hacía encuentros en la vida real. Ahí empezó a barajar la posibilidad de ejercer el trabajo sexual como prostitución. Empezó a buscar información, estuvo meses leyendo sobre el tema y descubrió que había un movimiento grande en Argentina sobre el particular. “Tenía mucha confusión acerca de la prostitución y mi visión estaba también afectada por lo que dicen los medios de las trabajadoras sexuales, en donde siempre se usan imágenes y documentos muy amarillistas sobre el tema”, explica.

Y es que la clave de la prostitución, según María, es que es un trabajo como cualquier otro; la diferencia radica en que la sociedad adopta una postura moral sobre la sexualidad. “Nosotras entendemos a la sexualidad como una herramienta más de nuestro cuerpo. Vos que sos periodista usás tus discursos, tus preguntas. Usás tu voz, tus manos para escribir; nosotras usamos nuestro cuerpo, nuestros genitales. La diferenciación está en la visión moral que se tiene con las partes del cuerpo que utilizamos”, dice.

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-Uno podría considerar que en la prostitución la mujer es meramente un objeto con el cual satisfacer una necesidad. ¿Cómo eso se conlleva con el feminismo?

-Los que ven a la mujer como objeto son quienes tienen que replantearse esa visión que tienen de los demás. Hay mucha confusión acerca de lo que es el feminismo, pero también hay mucha sobre lo que es el trabajo sexual, y esto ha sido porque se le ha deshumanizado y se le ha quitado a las trabajadoras sexuales la posibilidad de ser las propias dueñas de sus vidas y decisiones. Si nos vamos a las bases del feminismo, que nos dicen que cada mujer es libre de hacer lo que quiera con su cuerpo y su vida, el trabajo sexual puede ser visto desde una óptica feminista.

-¿Cómo es el trabajo y en qué países ejerces la prostitución?

-Cada trabajador tiene sus condiciones, el precio que cobra, los hoteles o lugares donde se mueve, y las cosas que hace o no. Hay un contrato, tanto por parte del cliente como de la persona que ofrece el servicio sexual, que el cliente debe poder aceptar para llevar a cabo el encuentro. Lo bueno del trabajo sexual es que uno lo puede ejercer generalmente en cualquier lugar, aunque depende del país, porque hay distintas leyes que hacen que uno tenga que ejercer de una manera más clandestina o no. Argentina es como el lugar principal, donde tengo más clientes, pero he trabajado también en España, Holanda y en Chile.

-¿Qué es lo peor del trabajo sexual?

-Lo malo no es por el trabajo sexual en sí, sino por las cosas que están alrededor, como la policía que cobra coimas a las trabajadoras sexuales o la gente que se aprovecha porque es un trabajo que no está descriminalizado. No sé cómo es la situación en Chile, pero en Argentina al menos no es ilegal, pero no está reconocido como un trabajo, entonces no podemos anotarnos para aportar y tener una jubilación. Muchas trabajadoras cuando envejecen se quedan sin poder hacer nada.

-Luego de la prostitución pasaste a la industria porno. ¿Cómo se dio ese cambio?

-Con el paso del tiempo descubrí que existía el porno feminista, que era otra forma de hacer porno o que al menos había gente tratando de ofrecer otra alternativa a la pornografía. Me interesó y empecé a contactar productoras, por lo que tuve que viajar a España y empecé a trabajar ahí.

-¿Cómo es el porno feminista?

-Hace hincapié en el buen trato y en condiciones justas laborales para quienes trabajan en él. Además, defiende la diversidad de cuerpos, que en el porno convencional, si están, son vistas como fetiche o bajo una etiqueta con la que no estamos de acuerdo. Por ejemplo, a las personas trans se las etiqueta con el término shemale, que es muy discriminador para ellas, pero el porno lo usa para vender. Con el porno feminista se hace una inclusión de las personas trans desde un lugar normal, para que puedan participar sin ser etiquetadas como fetiche.


maria riot 3-¿Te reconocen mucho en la calle?

-Me pasa muchas veces que voy en el subte, pero en general no me saludan, me escriben luego por internet diciéndome que me vieron. La gente que me reconoce y me saluda me dice cosas muy buenas, me agradecen por la militancia o porque les he hecho cambiar su visión sobre el trabajo sexual. También agradecen mucho el trabajo que hacemos en Ammar (Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina). Igual a veces me da un poco de timidez y no sé qué decir, pero sí me pasa.

-¿Tu familia sabe a lo que te dedicas?

-Me llevó un tiempo poder decírselo a algunas personas que eran mis amigos más íntimos, que yo sabía que estaban abiertos a escucharme y a entenderlo. Con el paso del tiempo mis padres también se enteraron y la verdad es que su respuesta fue mucho mejor que la que esperé, desde el primer momento me apoyaron y me dijeron que yo tenía que hacer lo que a mí me hiciera feliz. Sé que soy muy afortunada porque hay muchas compañeras y compañeros que le tienen que mentir a la familia o sus familias no aceptan su trabajo, entonces sé que en ese sentido tengo mucha suerte.

-¿Crees que en Latinoamérica hay una doble moral sobre la sexualidad?

-Hay mucha hipocresía: para muchas personas que alguien famosa en la tele muestre su escote es algo normal, pero cuando una camina por la calle y muestra un poco más de lo esperado ya está catalogada como puta, lo que es considerado un insulto. Si el estigma a las trabajadoras sexuales no existiera, no se trataría de puta a las mujeres que se visten como quieren o que tienen sexo como quieren. Por eso también nos decimos putas a nosotras mismas, para quitarle esa negatividad que tiene la palabra y apropiárnosla. Hay mucho conservadurismo.

-Ahora vives en Buenos Aires y constantemente viajas a Barcelona, pero a veces pasas a Chile. ¿Tienes pensado hacer activismo aquí?

-En Chile falta mucho aún para quitar un poco esta moralina, hay mucha religión presente que hace que se sigan mandatos y normas que no son cuestionadas en ningún momento. José Carlos Henríquez (trabajador sexual chileno y autor de #SoyPuto) empezó hace unos años a militar por el trabajo sexual y eso ha revolucionado Chile. Lo que nos gustaría es poder llegar y ayudar a que eso siga pasando, nos gustaría hacer charlas en Santiago, Valparaíso y en los lugares que nos inviten para empezar a plantear el debate de trabajo sexual.