A 10 años del Transantiago: "Antes había un respeto por el conductor"

Natalia Heusser

Jueves 09 de febrero de 2017

Cuando se cumplen 10 años del sistema de transporte público de la capital, analizamos los dos extremos del Transantiago, y hablamos con uno de sus conductores.

Este hombre recuerda con nostalgia sus inicios. Partió al volante de las desaparecidas micros amarillas, en el recorrido Intercomunal 16, que iba de Cerro Navia a Cantagallo. Cuenta que en ese entonces, cuando la gente se subía por la puerta trasera, le enviaba el pasaje de mano en mano; que los vendedores ambulantes le regalaban helados; y que las personas lo saludaban al ingresar a la máquina.

“Trabajábamos más horas diarias, pero éramos más felices”, afirma.

Pero todo ese panorama cambió con la llegada del Transantiago. Hoy maneja la micro 201, perteneciente a la empresa Subus. Se nota más estresado y le cuesta desconectarse después de su horario laboral. De hecho, en varias ocaciones ha detenido su auto particular en los paraderos.

Además se siente inseguro. Lo han agredido en dos ocasiones y en una de ellas una señora le pegó con una cartera por no pararle donde ella quería. “Los buses articulados tienen 20 metros de largo y si voy a 50 km/h no puedo detenerme en un trayecto corto porque la gente se puede caer”, se defiende.

-¿Cómo le avisaron del Transantiago?

-Meses antes nos contaron que se implementaría el Transantiago. Nos dijeron que no íbamos a manejar plata, que sería un sistema amigable y que en tramos largos la gente se iba a bajar de un bus para subir a otro sin problemas. Nos mintieron. Nos pintaron una película muy linda y la realidad no era así. Ese 10 de febrero del 2007 fue un caos total en Santiago y ahí me di cuenta que el sistema no servía. Por ejemplo, el 9 de febrero pasaban por Independencia más de 14 recorridos y al día siguiente sólo había un recorrido.

-¿Qué rescata del Transantiago?

-Lo único bueno es que el conductor no maneja dinero y la estabilidad laboral.

-¿Y lo malo?

-Cuando todo partió sólo cambiaron las máquinas, pero no hicieron la infraestructura adecuada para que circularan los buses. De ese tiempo hasta ahora han hecho corredores exclusivos, pero la mayoría de los buses no transita por ellos y los pocos que hay están llenos de otros vehículos. Algunas comunas sacan todos los autos de las vías exclusivas, pero otras no lo hacen y eso indica falta de organización.

-¿Y eso no se veía antes?

-Antes había un respeto por el conductor. Ahora la gente cree que con decir “permiso” está autorizada para no pagar el pasaje. Hay pocos fiscalizadores que detectan a quienes no pagaron el pasaje.

-¿Cómo ve el tema de la evasión?

-Es mucho más grande que lo que dice el Gobierno. Yo creo que por lo menos el 50% de las personas que suben a mi bus no pagan.

-¿Qué se debería hacer para mejorar el sistema?

-Están intentando traer muchos recorridos de la malla antigua y están haciendo corredores para que los buses tengan una cierta frecuencia. Todo eso es bueno, pero falta implementar una cabina de seguridad para el conductor y que quien nos agreda tenga penas efectivas.

-¿Se siente inseguro en su trabajo?

-Claro. Uno se expone a que lo golpeen, lo escupan o lo apuñalen. Con las amarillas no pasaba eso. Antes al chofer lo miraban de otra manera, había más respeto. Por ejemplo, la única forma que existe para reclamar contra el sistema es un número de teléfono, o sea que nosotros somos la cara visible de las empresas y por eso la gente se desquita con los conductores. Hay disconformidad en la gente y nos damos cuenta porque nos empapelan a garabatos.

-¿Cómo enfrenta los días de clásicos en el fútbol?

-La agrupación de sindicatos de buses tomamos la decisión de no salir a la calle esos días. A mí no me ha pasado nada, pero han secuestrado a varios compañeros. El sistema GPS de las máquinas se usa principalmente para ver la frecuencia de micros, pero no para la seguridad. No puede ser que un bus que debe circular por Independencia desvíe su recorrido y eso no se detecte.

-¿Cómo lo hace para ir al baño?

-Nos pagan tan bien que no tenemos necesidades (ríe). He pedido permiso en restoranes y he tenido que recurrir a lugares con muchos arbolitos. El problema son las mujeres conductoras que no pueden hacer en cualquier parte.

-¿Existe mantención de los buses?

-La mayoría de las máquinas que se han quemado son las grandes, que tienen más de 10 años de funcionamiento. La mantención no es como antes. Hay empresas con problemas económicos que no pueden soportar estos gastos y hay pocos repuestos. Sacar los buses oruga implicaría meter más buses y eso podría ser más caótico aún.

-¿Se siente estresado?

-Antes del Transantiago no existían las licencias médicas por estrés. Si bien no he tenido que ir al médico por eso, un día colapsé en Estación Mapocho. Una persona se subió por atrás y le pedí que pagara su pasaje. Como no lo hizo, la bajé del bus. Luego me puse a pensar que había sobrereeaccionado. Hay otros que la han visto peor. En este momento hay 21 compañeros, de 380, que no pueden salir a trabajar por distintas enfermedades posiblemente acarreadas por estrés, como accidentes cardiovasculares.