Varias son las playas y otros proyectos inclusivos que se desarrollan en el país, mientras Sernatur trabaja junto a los privados para que se adapten a la ley de inclusión social.

Por María Eugenia Durán & Isabeau Lavanderos

 

En diciembre Álvaro Silberstein (31) cumplió un sueño personal y marcó un hito en la ruta hacia el turismo inclusivo en Chile: fue el primer visitante tetrapléjico en hacer el trayecto W en las Torres del Paine. “Nuestro objetivo era hacer ruido para crear conciencia en las empresas y otros entes del turismo en Chile a los que, muchas veces, ni se les ocurre que las personas con discapacidad también tienen ganas de disfrutar al aire libre. Esto no está en el inconsciente colectivo”, asegura Matías Silberstein, primo de Álvaro, quien estuvo en la organización y materialización de esta experiencia.

Para concretarla, los primos Silberstein y un grupo de amigos realizaron una campaña para juntar fondos y adquirir, fuera de Chile, una silla especial, la que quedó a cargo de la Asociación de Hoteles de Torres del Paine (HYST). “Estamos muy agradecidos de la Asociación, que se pusieron la camiseta por nuestro proyecto y ahora quieren hacer un parque inclusivo”, dice.

Como Álvaro, en Chile hay más de 2.600.000 adultos con algún tipo de necesidad especial o discapacidad.

Para la directora del Servicio Nacional de Turismo (Sernatur), Marcela Cabezas, “la primera exigencia de una persona con discapacidad al salir de viaje es tener la certeza que podrá acceder a un entorno físico adaptado a sus necesidades de forma cómoda, autónoma y segura. La accesibilidad, por tanto, debe estar presente en todo el encadenamiento de la vivencia viajera”.

Desde hace siete años nuestro país cuenta con la Ley N°20.422, que establece normas de igualdad de oportunidades e inclusión social de personas con discapacidad. A esta norma se suma el decreto supremo número 50 del Ministerio de Vivienda y Urbanismo donde se establece que para 2018 todos los nuevos espacios públicos y aquellos existentes deberán asegurar el uso, permanencia y desplazamiento de todas las personas en forma autónoma y sin dificultad. “Tenemos el desafío de incorporar la accesibilidad como una forma de planificar y concebir espacios, productos y servicios turísticos inclusivos para facilitar la experiencia de los turistas”, explica la directora de Sernatur.

Sin embargo, según datos de este organismo que se basan en las autorespuestas en Registro Nacional de Prestadores Turísticos, de 9.474 establecimientos privados registrados sólo el 3% declara ser adaptado para personas con discapacidad o movilidad reducida.

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Playas inclusivas y otros proyectos

Para revertir esta realidad la autoridad trabaja codo a codo con las empresas. Y para dar visibilidad a las ofertas existentes y fomentar otras nuevas el año pasado Sernatur lanzó la Primera Guía de Alojamientos Turísticos Accesibles, mientras el Servicio Nacional de la Discapacidad (Senadis) diseñó un mapa interactivo para poder conocer esas playas y balnearios.

Ramplas para llegar a la arena, sillas anfibias para entrar al mar y monitores especialmente entrenados son algunas de las facilidades que ofrecen estos balnearios. De ellos, dos están en la comuna de Tomé, Región del Biobío: las playas de Dichato y Bellavista. “Hemos hecho una muy buena evaluación de este proyecto de playas inclusivas. La gente utiliza mucho la infraestructura y la agradece mucho”, explica el director de Turismo del municipio, Horacio Hernández.

En otras regiones también se pueden encontrar proyectos turísticos inclusivos como en la Metropolitana donde Puelmapu Turismo Sustentable desarrolla tours caminables por barrios patrimoniales de Santiago o senderismo en diferentes lugares de la región, con facilidades para personas con problemas de movilidad y traductor de lengua de señas. En Concepción se construyó el Parque Ecuador que cuenta con área de juegos infantiles inclusivos, paisajismo sensorial y servicios higiénicos universales. Y en la Región de la Araucanía Bosqueaventura ofrece una caminata de cerca de 1 km sobre pasarelas en altura, con señalética en braille y códigos QR en los árboles.

Experiencia de vida

Otro ejemplo de lucha es el de Mireya Sieguel, empresaria turística de Chiloé que construyó cabañas adaptadas en Ancud (arrayaneschiloe.com) con un sendero de madera para no videntes y para el uso de silla de ruedas. “Tengo parálisis cerebral de nacimiento y sé lo que significa tener una discapacidad. La gente que viene, agradece”, cuenta esta emprendedora, distinguida en 2016 con el Premio Nacional de Turismo Inclusivo de Sernatur.

Deportes extremos para discapacitados

En 2008 nació Andes Mágico, fundación creada por Mario Fernández, profesor de esquí. “Somos especialistas en deportes extremos para personas con discapacidad”, asegura.

Realiza campamentos de aproximadamente una semana que incluyen actividades que van desde escalada, canopy y esquí hasta trekking (fotos). Cada panorama es apoyado por, al menos, 15 profesionales como terapeutas ocupacionales, enfermeros, sicopedagogos, profesores diferenciales y de ecoturismo. Por último, tienen indumentaria adaptada.

Según la época del año, hacen campamentos de surf en Pichilemu, navegación con la Armada en Juan Fernández y hasta escaladas en San Pedro de Atacama. Los jóvenes acuden sin compañía de familiares ni tutores. “Se busca desarrollar su independencia”, dice.