Demolición de un mito

Julio Salviat

Domingo 12 de febrero de 2017

El entrenador de Colo Colo, Pablo Guede, tiene que haber soñado muchas veces el partido que su equipo jugó el miércoles con Botafogo. Algo de ese sueño lo comentó a los medios: “No se trata de ir a buscar el gol a tontas y a locas. Hay que buscar los caminos para encontrarlo, y no importa si es al principio o al final”.

Cuando despertó, Colo Colo ya estaba eliminado -¡otra vez!- en los albores de la Copa Libertadores.

Los planes de Guede se frustraron por una desgracia que le ocurrió a su adversario: el autogol cometido por el defensor brasileño Emerson dejó a los albos en ventaja al tercer minuto de juego. Esa acción, tan bulliciosamente celebrada, desarmó todo lo previsto: según su técnico, Colo Colo tenía que armarse de mucha paciencia… ¿Y para qué necesitaba paciencia, si ya estaba en ventaja?

En vez de seguir el plan original y mantener su estrategia como si estuvieran 0-0, cedió la iniciativa. Al promediar el segundo tiempo, el comentarista Claudio Borghi ya advertía lo peligroso que era seguir jugando de esa manera. Y entregaba la fórmula que ya se les había ocurrido a todos los que miraban el partido: terminar con el juego a los pelotazos e intentar la tenencia de balón.

Si hay algo que molesta a los equipos brasileños es que le tengan la pelota ¡Y Guede no lo sabía! Con su sistema de juego facilitó el dominio de Botafogo y liquidó a su mejor jugador, Esteban Paredes. El “Supertánker” es decisivo en el área. Y nunca estuvo ahí porque la pelota no fue llevada como se debe a campo contrario.

Resultado: empate y eliminación. Y, de pasadita, la demolición de un mito revivido con el 3-2 de Iquique a San Luis: que no hay peor resultado que un parcial 2-0. Botafogo había logrado ese marcador en Rio de Janeiro, y el descuento no le hizo mella. Y acá, cinco de los seis partidos disputados por la primera fecha estuvieron en algún momento dos a cero, y nada cambió.