El entrenador de Colo Colo, Pablo Guede, tiene que haber soñado muchas veces el partido que su equipo jugó el miércoles con Botafogo. Algo de ese sueño lo comentó a los medios: “No se trata de ir a buscar el gol a tontas y a locas. Hay que buscar los caminos para encontrarlo, y no importa si es al principio o al final”.

Cuando despertó, Colo Colo ya estaba eliminado -¡otra vez!- en los albores de la Copa Libertadores.

Los planes de Guede se frustraron por una desgracia que le ocurrió a su adversario: el autogol cometido por el defensor brasileño Emerson dejó a los albos en ventaja al tercer minuto de juego. Esa acción, tan bulliciosamente celebrada, desarmó todo lo previsto: según su técnico, Colo Colo tenía que armarse de mucha paciencia… ¿Y para qué necesitaba paciencia, si ya estaba en ventaja?

En vez de seguir el plan original y mantener su estrategia como si estuvieran 0-0, cedió la iniciativa. Al promediar el segundo tiempo, el comentarista Claudio Borghi ya advertía lo peligroso que era seguir jugando de esa manera. Y entregaba la fórmula que ya se les había ocurrido a todos los que miraban el partido: terminar con el juego a los pelotazos e intentar la tenencia de balón.

Si hay algo que molesta a los equipos brasileños es que le tengan la pelota ¡Y Guede no lo sabía! Con su sistema de juego facilitó el dominio de Botafogo y liquidó a su mejor jugador, Esteban Paredes. El “Supertánker” es decisivo en el área. Y nunca estuvo ahí porque la pelota no fue llevada como se debe a campo contrario.

Resultado: empate y eliminación. Y, de pasadita, la demolición de un mito revivido con el 3-2 de Iquique a San Luis: que no hay peor resultado que un parcial 2-0. Botafogo había logrado ese marcador en Rio de Janeiro, y el descuento no le hizo mella. Y acá, cinco de los seis partidos disputados por la primera fecha estuvieron en algún momento dos a cero, y nada cambió.