Subí en unos diez grados mis límites de paciencia y vi completo el partido del Hamburgo con el Bayern Leverkusen. Terminé apenado: en una de las mejores ligas del mundo vi uno de los peores partidos que me ha tocado contemplar. Y la actuación de nuestro compatriota Charles Aránguiz fue lamentable: instalado en el mediocampo, veía cómo la pelota pasaba sobre su cabeza tanto cuando defendía como cuando había que atacar. Pasó todo el partido mirando el recorrido de la pelota sin que nadie la pusiera contra el piso o se la pasara.

Lo ocurrido con el hijo ilustre de Puente Alto es común al contingente chileno que actúa en Europa. Y deja un manto de preocupación pensando que el próximo mes hay que jugar contra Argentina en Buenos Aires.
Claudio Bravo quedó marginado del arco manchestercitadino después de recibir seis goles en los últimos seis disparos que hubo contra su arco. Y le va a costar recuperar el puesto.
Gary Medel empieza a afirmarse en la zaga del Inter milanés, pero está lejos de su nivel. El otro defensor titular que se desempeña en Europa, Mauricio Isla, no hace mucha historia en el Cagliari italiano. Tampoco se sabe mucho de Miiko Albornoz, uno de los elegibles, ni de Eric Pulgar, que está en la misma condición.
En el mediocampo de oro no estará Arturo Vidal, que recién reapareció el sábado en el Bayern Munich, mientras Marcelo Díaz se defiende sin mucho protagonismo en el Celta de Vigo. Lo mismo le pasa a su compañero de equipo Pedro Pablo Hernández, el más seguro reemplazante de Vidal. El tercero seleccionable de ese equipo, Fabián Orellana, fue despedido e inició su ciclo en el Valencia español. Otro nominable, Carlos Carmona, eligió la liga estadounidense después de ser dado de baja en el Atalanta.
Eduardo Vargas, descartado por el Hoffenheim alemán, se fue a los Tigres mexicanos. Y, para culminar el drama, al Niño Maravilla se le apagaron todas las luces en duelo del Arsenal con el Chelsea.