Cuando llega a la adultez, un 30% de las personas desarrolla este problema. Pero se trata de una condición genética y no una enfermedad.

Que tu medicina sea tu alimento y el alimento tu medicina”, decía Hipócrates cerca del 300 AC. Pero la historia ha probado que algunas veces los alimentos, sin importar lo nutritivos o naturales que sean, pueden ser enemigos silenciosos de muchos individuos.

“Cada vez que tomaba leche o comía yogur me sentía rara. No era dolor, pero sí una molestia”, cuenta Luisa Guzmán sobre los síntomas que por meses los médicos atribuyeron a colon irritable. “Visité muchos gastroenterólogos hasta que uno descubrió que era intolerante a la lactosa”, dice esta mujer de 52 años que hoy se encuentra bajo tratamiento médico.

Según el gastroenterólogo y académico de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica de Chile, Juan Francisco Miquel, la intolerancia a la lactosa o mala absorción de lactosa es una condición genética de incapacidad del organismo para digerir un azúcar de la leche y que se desarrolla principalmente en los adultos. “La intolerancia a la lactosa no constituye una enfermedad, es un rasgo genético”, precisa Miquel, por lo que no plantea una amenaza mayor para la salud de las personas más allá del malestar que provocan los síntomas. Y explica que “lo normal en el ser humano adulto es perder la capacidad que tenemos en la infancia para digerir la lactosa”.

“En Chile, según los estudios que hemos hecho en el Departamento de Gastroenterología, el 60% de la población pierde esa capacidad en la vida adulta. Eso ha sido siempre así porque es genético. Ahora, de ese 60%, más o menos la mitad tiene intolerancia”, agrega este especialista.

Consultado sobre la posibilidad de que esta intolerancia haya aumentado entre los chilenos en los últimos años, el doctor Miquel es categórico en rechazarlo. “Lo que pasa es que ha aumentado el consumo de lácteos y eso es algo que está bien documentado en nuestro país”, explica.

Intolerancia lactosa 2

TRATAMIENTO

Los síntomas de esta intolerancia son muy diversos. Pueden ir desde distensión, meteorismo, dolor abdominal, hasta diarreas. La sintomatología depende de cada organismo y de la cantidad de lácteos que se consuma.

Como explica la nutricionista de la Red de Salud UC CHRISTUS, Verónica Irribarra, las intolerancias alimentarias, como a la lactosa, hoy son más fáciles de diagnosticar que antaño con diversos exámenes, pero la forma de controlar sus síntomas es la misma: cambio en la dieta. “Si alguien tiene una alergia o una intolerancia alimentaria va a tener que cambiar la dieta sí o sí”, dice la especialista en nutrición y diabetes, mientras Miquel advierte que no basta con tomar leche sin lactosa, sino también hay que cambiar sus derivados: quesos, cremas, helados, manjar…

Pero la doctora Irribarra advierte: “Esas condiciones especiales no son extrapolables al resto de la población. Algunas personas creen que porque a algunos les hace mal la lactosa todos deben o pueden dejar de tomar leche. Eso no tiene ningún sentido”.