Las historias de María Esther y Pepe Fuentes regresan a las tablas

Ignacio Silva

Lunes 09 de enero de 2017
Ver & oír

La pareja, uno de los emblemas del folclor local, presenta nuevamente Vida, pasión y cueca, la obra basada en sus biografías.

La Casa de la Cueca es uno de los lugares más tradicionales y llenos de vida que hay en Santiago. Hasta sus salones, ubicados en Barrio Matta, llegan recurrentemente varias decenas de personas ligadas al folclor para, entre canciones, bailes y vino, conversar con María Esther Zamora (69) y Pepe Fuentes (85), uno de los matrimonios más representativos de la música de raíz chilena y los fundadores del lugar.

“Fue en esas conversaciones que el Pepe empezó a contarle historias de su vida a los chiquillos. Ahí se me ocurrió escribir todas esas anécdotas y pensar en la manera en que podríamos contárselas a la gente, lo que se mezcló con las ganas que tenía hace más o menos diez años de hacer teatro”, cuenta ahora la folclorista, sentada a la cabeza de una de las varias mesas que hay en su club.

De la idea nació Vida, pasión y cueca de Pepe Fuentes y María Esther, obra que con su mezcla de teatro, música en vivo y hasta gastronomía narra la historia de la pareja a modo de biografía. “Desde nuestras infancias hasta que comenzamos a edificar La Casa de la Cueca, pasando por nuestro matrimonio y un montón de luces y sombras que hemos vivido”, apunta Zamora, que el jueves 19 de enero se presentará en el Festival del Huaso de Olmué.

El montaje, dirigido por la dramaturga Marcia Césped y que cuenta con la participación de músicos como Héctor “Parquímetro” Briceño, Víctor Hugo Campusano y Rubén Gaete, fue estrenado a mediados del año pasado y regresa a las tablas mañana, en el marco de Santiago a Mil. Será una función única agendada a las 21 horas en la Sala A1 del GAM.

-¿Cómo ha sido interpretar su historia sobre el escenario?

-Demasiado emocionante. Imagínate que yo de repente estoy narrando y se me quiebra la voz porque lo viví. Me pasa, por ejemplo, cuando recuerdo la muerte de mi padre (el músico y compositor Segundo “Guatón” Zamora) y canto la cueca que le hice cuando se murió. Todo esto es de la vida real, nada es ficticio. Es una entrega total.

-¿Perseguían algún fin, fuera del de rescatar su memoria, con este montaje?

-La idea también era dejar un testimonio que sirva de referente y de consejo para los jóvenes, para que se den cuenta que no es fácil. Es lo mismo que queríamos cuando creamos La casa de la cueca: resguardar y conservar los valores que siempre ha tenido la cueca. Valores como el interés por escuchar al otro, como el tener modales; cosas que ahora están tan perdidas.

-Ustedes son dos de los referentes de la cueca. ¿Qué le recomendaría a los nuevos cuequeros?

-Les diría que si quieren trabajar en la cueca primero deben tener respeto, porque para pararse en un escenario primero hay que tener respeto con el público, no pararse desastroso como muchos lo hacen ahora. Todo lo contrario: para la cueca nosotros nos vestimos de smoking. Hay que tener modales, cultura etílica. Ser un artista integral.