La dieta alcalina

Gabriel León

Martes 24 de enero de 2017

Hace algunos meses fui a tomar agua de un dispensador y, para mi sorpresa, descubrí que no contenía agua, sino que un elixir mágico que proclamaba hacer maravillas con mi cuerpo. Entre otras cosas prometía “matar células cancerosas” o “eliminar la placa arterial” mientras me quitaba la sed.

Se trataba de agua alcalina. En paralelo, proliferaban las dietas alcalinas, que también prometen resultados milagrosos e incluso curar el cáncer ¿Qué hay de cierto en esta maravilla?.

Partamos desde el principio. La escala de pH mide el nivel de acidez o alcalinidad de una disolución. Esta escala va de 0 a 14 y se consideran como ácidas a todas aquellas sustancias con pH bajo 7 y como alcalinas a aquellas con pH sobre 7. El agua pura tiene pH 7 y es considerada como neutra. Existe una vieja hipótesis que asocia los niveles de pH ácidos (es decir, bajo 7) con varias enfermedades, incluyendo al cáncer.

Debido a esto, muchos han elucubrado acerca del posible rol de una dieta alcalina para neutralizar este efecto patogénico de los ambientes ácidos. Sin embrago, nuestros cuerpos regulan el pH de manera muy estrecha y no importa lo que coman o tomen, no modificarán el pH de la sangre o de los tejidos. La vida funciona en un estrecho rango de valores de pH y si fueran capaces de alcalinizar su sangre así de fácil, morirían.

La parte más grave de esta historia es que algunos gurús de la salud promocionan a las dietas alcalinas como una posible cura para el cáncer, a pesar de que no existe una sola pieza de evidencia que sugiera que eso puede funcionar. Hace muy pocos días se describió el caso de una joven inglesa que recurrió a una de estos tratamientos para el cáncer. Pagó cerca de 50 millones de pesos por un tratamiento de inyecciones intravenosas de bicarbonato de sodio que duró cerca de tres meses, tratamiento que evidentemente no fue efectivo.

Actualmente Robert Young, el gurú que prometió curarla, está en la cárcel por ejercer la medicina sin licencia y enfrenta una condena de tres años.