Amor al sánguche de miga

Consuelo Goeppinger

Jueves 26 de enero de 2017

Mi mamá, una fanática de los sánguches de miga y quien me inculcó desde pequeña el hábito de comerlos, siempre me hablaba de los que vendían en el desaparecido Café Paula, ubicado en el centro de Santiago. Para ella –y con el tiempo me he ido enterando que para muchos– fueron, por mucho tiempo, los mejores de Santiago. Algo había en esos sanguchitos que los hacía únicos e irrepetibles. Un sabor especial que nunca pudo replicar en casa y menos encontrar en otro local capitalino

No alcancé a conocer el Paula, a pesar de que cerró definitivamente a principios del 2000. Pero mi madre encontró un reemplazo digno en otros lugares, como el Tavelli o el Café Mokka. Eran ricos esos sánguches, sobre todo el de huevo, mayo y jamón, mi favorito.

Un día algo pasó y dejaron de hacerlos como siempre. Y, con el tiempo, dejamos de comprarlos. Desde ahí que no he podido encontrar un sánguche de miga como los de antes, de pan fresco y esponjoso, de relleno enjundioso y equilibrado y, lo más importante, buen sabor. Cada vez son menos los locales que los ofrecen y gran parte de los que uno puede encontrar por estos días son esos desangelados sánguches de miga industrializados, que no tienen ni un guiño a ese toque casero que caracterizaba a los de antaño.

Por suerte, aún quedan lugares que le rinden culto a esta sencilla, pero sabrosa preparación. Uno de ellos es el mítico Bogarín, ubicado originalmente frente a la Plaza Victoria en Valparaíso –aunque ahora también cuenta con locales en Viña del Mar–, que desde 1939 ofrece los mejores sánguches de miga que uno pueda encontrar. Hay deliciosos ave palta, ave pimentón, jamón huevo, alcachofa jamón y una decena de sabores más, los que se pueden acompañar con deliciosos jugos naturales elaborados al momento, como el de manzana verde, una delicia. Gracias Bogarín por conservar la misma calidad durante todos estos años y mantener viva esta deliciosa tradición culinaria.