¿Será esta la elección más reñida de EE.UU.?

Claudia Maldonado

Domingo 06 de noviembre de 2016

Muchos se preguntan cómo es posible que en Estados Unidos un hombre recién llegado a la política, Donald Trump, esté virtualmente empatado en los sondeos en la carrera hacia la Casa Blanca con una mujer con amplia experiencia en cargos políticos, Hillary Clinton.

Los analistas, tan sorprendidos como cualquiera, han buscado una respuesta. Una de las principales es que el candidato republicano, a pesar de sus polémicas declaraciones, insultos, errores y acusaciones de abuso sexual, ha sabido encender un cierto tipo de nacionalismo y, además, tuvo la suerte de tener como contrincante a una candidata demócrata que es muy impopular.

“Son los aspirantes presidenciales más rechazados de la historia de EE.UU., lo que reduce estas elecciones a escoger ‘el mal menor’”, comenta Aaron Kall, experto político y director de debate en la Universidad de Michigan.

“Los votantes están enfadados con el partidismo en Washington DC y buscan alguien de fuera de la arena política tradicional para sacudir el sistema”, añade Kall en relación al ascenso de Trump.

Por otra parte, “la impopularidad de Clinton se explica por su largo historial en política, con oponentes que la rechazan desde hace décadas, unido al hecho de que ella misma se ha buscado problemas, como decidir usar un servidor privado de correo electrónico cuando era secretaria de Estado (2009-2013)”, explica Robert J. Spitzer, experto en Presidencia de la Universidad Estatal de Nueva York en Cortland.

Los sondeos les otorgan diferencias mínimas, de 2 o 3 puntos porcentuales, la mayoría de las veces a favor de Clinton, pero los últimos días también a favor de Trump.

Si las encuestas están en lo cierto, la de mañana podría ser una de las elecciones presidenciales más reñidas de la historia de Estados Unidos. Hasta ahora, hay cuatro casos emblemáticos de resultados estrechos (ver gráfico en página 21), donde destaca la votación de 1960, donde John Kennedy ganó con 0,1% más de votos populares que Richard Nixon, aunque en el colegio electoral se impuso con 303 votos sobre 219.

Pero uno de los casos más complicados fue el del año 2000. La diferencia era tan mínima entre George W. Bush y Al Gore que la noche de la votación no hubo un ganador. Los resultados del estado de Florida fueron impugnados y finalmente la Corte Suprema decidió, un mes después, que Bush era el nuevo Presidente.

Presidentes elegidos sin ganar en las urnas

En cuatro ocasiones EE.UU. ha tenido presidentes que no obtuvieron la mayoría de los votos populares. Esto es posible debido al tipo de elección indirecta: los ciudadanos votan para elegir el Colegio electoral, compuesto por 538 electores, que pueden no respetar el sufragio popular al momento de elegir presidente, a mediados de diciembre. Quien obtiene 270 o más votos del Colegio, gana la presidencia.

En 1824, John Quincy Adams recibió cerca de 38.000 votos menos que Andrew Jackson, pero finalmente llegó a la Casa Blanca.

En 1888, Benjamin Harrison se impuso en el Colegio Electoral por 65 votos, aunque perdió frente a Grover Cleveland en las urnas.

En 1876, Rutherford B. Hayes ganó en el Colegio Electoral por un solo voto, pese a salir derrotado por Samuel T. Tilden por unos 264.000 sufragios populares.

En 2000, George W. Bush perdió el voto popular frente a Al Gore por un 0,51 %, aunque acabó venciendo por 271 votos electorales frente a los 266 de Gore.

¿Por qué se vota un martes?

Estados Unidos celebra sus elecciones un martes laboral de noviembre por una ley dictada cuando era un país agrícola, con transporte en carruaje o a caballo y solo votaban los hombres blancos: en 1845. Ese año, el Congreso decidió uniformar el hasta entonces caótico e inestable calendario electoral con una primera ley federal: el primer martes después del primer lunes de noviembre.
Para esa fecha había terminado la cosecha, todavía el clima permitía buenas condiciones en las vías y se evitaba que coincidiera con el cierre de cuentas de los comerciantes o la festividad de Todos los Santos para los católicos, si las elecciones caían en el primer día del mes.
En ese Estados Unidos rural, la mayoría de los ciudadanos tenía que hacer un largo viaje para ir a votar a la sede del condado. Eso hacía imposible designar el lunes como día electoral, ya que muchos tendrían que comenzar su trayecto en domingo, algo impensable al ser un día de iglesia y oración para los cristianos.
Votar durante el fin de semana estaba así fuera de consideración por motivos religiosos: el sábado podrían votar los cristianos pero no los judíos, que celebran su día sagrado, el sabbat.

La ropa para mañana: traje de dos piezas o vestido de rojo
El modo en que los estadounidenses se vestirán mañana para ir a votar es casi un tema de debate nacional, puede ser de traje con pantalón las mujeres, muy al estilo Hillary Clinton; o bien, con algo rojo en respaldo a Donald Trump.
Los partidarios de Hillary están llamado a las redes sociales para que se asista a votar con un traje y pantalón, en gran medida para reclamar el ascenso de las mujeres al poder, que podría culminar con Clinton en la Casa Blanca. En Facebook, un grupo tiene como objetivo transformar este martes en el Nacional Pantsuit day algo así como Día del traje con pantalón.
Ese portal, en dos semanas recogió 400 mil miembros adherentes. Al grupo sólo se puede acceder por invitación y sus miembros intercambian diversas historias ligadas a la candidata o al ascenso de las mujeres a ciertas esferas.
En contraste, los partidarios de Trump recomiendan vestir algo rojo para ir a votar y mostrar su apoyo al candidato, cuyo partido se identifica con ese color.
En algunos blogs conservadores la invitación es directa y el objetivo feroz: “el 8 de noviembre es obligatorio llevar algo de color rojo, para crear una marea que no pueda ser ignorada y frente a la cual sea difícil de manipular la votación”, argumentan.