El resultado y el juego

Julio Salviat

Lunes 14 de noviembre de 2016

La Selección chilena de fútbol superó estoicamente el escollo que significaba jugar contra Colombia en Barranquilla. La cancha arenosa que come piernas, el sol inclemente que devora energías y la humedad asfixiante que ahoga pulmones resultaron esta vez insuficientes contra un equipo que, en procura de un resultado decoroso, cambió su manera de jugar.

De los cien minutos jugados, treinta fueron para sorprender y setenta para defender. Y es esto lo que llama la atención. Desde los tiempos de Nelson Acosta que no se veía un sistema de juego con preponderancia en el sector propio. Con Marcelo Bielsa y Jorge Sampaoli, la Roja intentó siempre someter al adversario a través de dos métodos: la tenencia del balón y el vértigo. Y a eso nos acostumbramos todos.

Esta vez, después de muchísimo tiempo, Colombia logró algo que ni siquiera Brasil y Argentina habían conseguido: tener más la pelota. Pero no fue por la disposición de los cafeteros, sino por la planificación de Antonio Pizzi.

¿Fue bueno o fue malo actuar así?

Con el resultado en la mano, fue bueno. Y aquí entramos a otro tema: hay poco análisis en el fútbol chileno. Las conclusiones de un partido las dictan los marcadores, y no el juego. La generalidad se inclina por el facilismo: si se gana, es porque jugó bien; si se pierde, es porque jugó mal. Y no es tan así: muchas veces cae el que actúa mejor. Sin embargo, parece que no hay tiempo para esas consideraciones. Es más rápido y cómodo analizar de acuerdo al resultado.

Esta victoria hay que agradecérsela a Claudio Bravo, que tuvo tres intervenciones fabulosas. Con un gol colombiano, todo sería distinto: al revés de lo que se dice ahora, habrían abundado las críticas sobre el planteamiento de juego practicado.
Uruguay nos dirá mañana qué valor tiene ese empate. Y, también, nos confirmará si ese sistema se mantiene o se recupera el que llevó dos veces a Chile a la cumbre americana.