Castillo Forestal: el más afrancesado

Ignacio Tobar

Jueves 03 de noviembre de 2016

Este restorán ubicado frente al Museo de Bellas Artes renovó su carta y le dio un lugar destacado a los postres y las masitas. Ideal para románticos.

No está claro si fue en 1930 o 1944. Lo cierto es que, antes de la mitad del siglo 20, por razones sanitarias, las autoridades de la capital decidieron eliminar la laguna del Parque Forestal. Lo que sobrevivió fue el castillito, que construyó el militar, diplomático y arquitecto Álvaro Casanova y que se inauguró para el centenario de la patria. El edificio de dos pisos funcionaba como embarcadero para los botes en los que solían pasear los románticos chilenos del siglo pasado. Además fue la oficina del paisajista Guillaume Renner, el francés que diseñó el parque.

De todo ese afrancesado mundo criollo, el edificio persiste convertido en el Castillo Forestal, un restorán que acaba de renovar su carta francesa y que mantiene el espíritu del Barrio Bellas Artes.

De lunes a viernes este local que se concentra principalmente en el público extranjero, ofrece menú por $10.900 de 12 a 15.30 horas. Pero lo mejor es reservar para ir de noche, ojalá en la terraza y de a dos.

Pida un filete al roquefort. Rica la carne, y más si la ordena a la inglesa. Llega en un plato rectangular acompañada de un gratín de papas, que figura como al dente por dentro y que va crujiente y quemadito en la superficie. Mezcla perfecta con la salsa que baña la carne, quizá algo cargada al vino. A ratos hace recordar esos menús de matrimonio. Algo de ese tiene este local.

De postre no se equivoque: ordene un tiramisú. Cuesta $4.900 y viene en un generoso recipiente donde se luce el queso mascarpone, el bizcocho de soletilla (pequeño y esponjoso) y el contraste que hace el chocolate amargo (en la foto). Y como la cena es romántica y no culposa, pida además el crème brûlée, otra maravillas de este local que tiene música muy en onda Zaz de noche el fin de semana. Y si no está con ganas de un escape romántico, vaya un domingo por la tarde y pruebe alguna de las onces que traen los clásicos viennoiserie, esas delicias elaboradas con una masa fermentada u hojaldre, que van con azúcar o grasas de leche. Sin duda, los dulces son lo mejor del castillito.