¿Con qué armas legales se enfrenta a un vecino ruidoso?

Cecilia Rivera

Jueves 03 de noviembre de 2016

Música a todo volumen cualquier día de la semana y hasta la madrugada, gritos y peleas en los pasillos son algunas de las situaciones que Francia Castro enfrenta hace más de tres años en el edificio que habita en Estación Central.

Esta enfermera debe soportar los constantes ruidos molestos que emite su vecino de al lado y que han generado diversos inconvenientes con varios residentes del edificio.

“Me he enfrentado a ellos en varias ocasiones y hay otros vecinos que también les reclaman. Al principio lo hacía tranquilamente, pero ya me colmaron la paciencia y ahora terminamos en discusiones”, cuenta.

Una situación similar es la que enfrenta Begonia Rivera, quien vive en un edificio de Santiago Centro hace un año y asegura que es imposible descansar tranquilamente en su hogar.

“Son varios los departamentos que hacen ruidos molestos. A veces, en la semana, empiezan el carrete a la una de la mañana y dura hasta el otro día. Así no podemos descansar”, enfatiza.

Pero el problema no es sólo los ruidos por fiestas o reuniones en otros departamentos, sino también por acciones cotidianas como hacer el aseo.

“Los vecinos de arriba acostumbran a hacer aseo o trabajos en horas inadecuadas. Hemos soportado ruidos de taladros, martillos, que corren muebles o perros que ladran como a las cuatro de la mañana”, detalla Begonia.

En ambos casos la situación es compleja, ya que los residentes conflictivos no responden positivamente a los reclamos de sus vecinos. Entonces, ¿qué se puede hacer frente a estas situaciones?

Primero que todo, cada edificio debe contar con un reglamento interno de copropiedad, donde se fijan las sanciones para este tipo de casos.

En algunos inmuebles los castigos van desde una multa que se cobra junto a los gastos comunes hasta la prohibición de usar los espacios compartidos del edificio, como piscina, quinchos o sala multiuso, entre otros.

Por encima de la normativa propia de cada condominio, la Ley 19.537 sobre Copropiedad Inmobiliaria prohíbe “ejecutar acto alguno que perturbe la tranquilidad de los copropietarios (…) ni provocar ruidos en las horas que ordinariamente se destinan al descanso”.

En ese sentido, la normativa castiga con multas entre 46 mil y 138 mil pesos (1 a 3 UTM) a los vecinos conflictivos. Dicha infracción es cursada por Carabineros y se cancela en el Juzgado de Policía Local correspondiente.

Sin embargo, la multa podría llegar al doble en caso de reincidencia y se puede cursar tanto a los residentes que generan ruidos molestos como al dueño del departamento, en caso de un arriendo.

La denuncia la puede realizar tanto el afectado como el comité administrativo o el administrador del edificio ante Carabineros o directamente en el juzgado y se puede hacer, incluso, hasta tres meses después de ocurrido el episodio de ruido molesto.

Municipio

La ley también faculta a los municipios para regular, por medio de ordenanzas, los ruidos molestos producidos en la respectiva comuna, ya sea en casas, departamentos, comercio, actividades públicas y privadas.

Al ser una normativa particular puede ser diferente a lo establecido en la ley, lo que dependerá de cada municipalidad.

En septiembre de este año el municipio de Santiago emitió una ordenanza que sanciona con multas entre 46 mil y 230 mil pesos (1 a 5 UTM) este tipo de situaciones, la que comenzará a regir a partir del próximo lunes 7 de noviembre.

El secretario ejecutivo del Plan Convive Santiago, Patricio Hidalgo, explicó a La Hora que “en este momento estamos con la difusión de la medida y fiscalizando. Este año hemos superado los 500 reclamos por ruidos molestos, de los que cerca del 40 por ciento son por copropiedad”

Ruidos molestos por fuentes fijas

El Ministerio del Medio Ambiente emitió en 2011 el Decreto 38, que norma la emisión de ruidos molestos generados por fuentes fijas, como una construcción.

La normativa establece que el ruido máximo para las zonas residenciales es de 55 decibeles entre las 7 y 21 horas, que equivale al ruido de un aire acondicionado de ventana.

Entre las 21 y 7 horas del día siguiente, permite un ruido de 45 decibeles, que equivale al ruido de una calle con poco tráfico.

La Superintendencia del Medio Ambiente debe fiscalizar el cumplimiento de dicha normativa.