Lo que algún día fue un aeropuerto, en la comuna de Cerrillos, hoy es un enorme predio por el que corren nuevos aires, con villas, parques y hasta un centro de arte contemporáneo. El hall de entrada del terminal aéreo, sin embargo, sigue en pie, ahora como un Museo Aeronáutico que alberga buena parte de la historia de la aviación chilena. Detrás de ese edificio, entre viejos aviones abandonados y florecidos rosales, un container alberga al Comité de Estudios de Fenómenos Anómalos (CEFAA).
Su director, Ricardo Bermúdez, es un ex piloto que en su época voló helicópteros, aviones T-33, F-5, F-80 y Hawker Hunters. En su oficina, un enorme mapa de Chile y su zona de vuelo tiene una decena de alfileres marcados sobre la ciudad de Arica. “No están por nada en especial, los incidentes los marcamos en un sistema computarizado”, explica cuando se le consulta.

-¿Qué hacen específicamente en esta oficina, señor Bermúdez?

-El Comité de Estudios de Fenómenos Aéreos Anómalos, es el organismo oficial de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) que estudia los fenómenos aéreos caracterizados como objetos voladores no identificados.

-¿Ovnis? ¿platillos voladores?

-No, no platillos voladores, los objetos voladores no identificados no son necesariamente asimilables a los extraterrestres que se bajan de las naves. El que no sepamos lo que son no nos autoriza a decir que son platillos voladores o extraterrestres hasta que tengamos pruebas de que lo son. Y eso no lo tenemos.

-¿Y de qué sí tenemos certeza?

-De que algo está sucediendo en los cielos y no sabemos qué es. El fenómeno existe y nosotros tratamos de establecer ciertos patrones de su comportamiento. La misión nuestra tiene que ver con determinar si se ha puesto en riesgo la seguridad de los vuelos. Tenemos una dotación de 31 personas, en la que hay un comité permanente y un comité asesor externo con gente de las universidades, con astrónomos, físicos, químicos nucleares, meteorólogos, las fuerzas armadas y la policía.

-¿Y desde cuándo opera este comité?

-Se creó a fines de 1997 y empezó a funcionar el 98. Yo pasé de la Escuela Aeronáutica a acá porque los pilotos estaban reportando muchas cosas que habían visto en el cielo y que no sabían qué eran. Para ver de qué se trataba esto se hizo este comité. La principal fuente de información con que operamos son los reportes de los pilotos que vuelan en el espacio aéreo de 32 millones de km2 aproximados, controlados por la DGAC chilena. Es el espacio aéreo que va desde Arica a la Antártica, desde el límite cordillerano más allá de la Isla de Pascua. Todos los vuelos que se producen en ese perímetro son controlados por los respectivos Centros de Control a lo largo del país. Estos centros tienen radares que detectan la posición exacta de los aviones en vuelo. Además, poseen equipos de grabación que registran las comunicaciones entre los pilotos y los Controladores de Tránsito Aéreo. De esta manera, cuando se detecta algún avistamiento de fenómeno aéreo anómalo, la grabación se remite al CEFAA, donde se inicia una investigación científica por parte de los especialistas correspondientes.

“Es bastante común que esas experiencias le cambien la vida a la gente, casi siempre para mejor. Creo que quienes ven estos objetos piensan que puede haber algo más que la pura materia”.

-Supongo que tienen casos emblemáticos.

-Hay varios casos, uno de los más trascendentes ocurrió en 1988 en Puerto Montt, a las 8 de la noche, cuando casi choca un vuelo de Lan con algo que no pudimos identificar.

En ese momento, Bermúdez saca su computador y echa a correr el registro de la conversación entre el piloto y el operador de la torre de control, en el referido caso. El piloto dice que ve un avión en su trayectoria y consulta si hay tráfico reportado, a lo que la torre de control contesta que no. El piloto dice ver una luz muy brillante, que describe como una luz de aterrizaje, que se acerca muy rápidamente y se le viene encima. El operador dice que sí detecta algo que se mueve, pero no sabe qué es. En un momento, el piloto se asusta y cree que va a chocar, por lo que tiene que hacer un viraje escarpado.

-Pero esto es anterior a su gestión ¿Ha variado la frecuencia con que se reportan estos casos?

-No, ahora tenemos más denuncias porque gracias a los celulares la gente tiene más cámaras y toma más registros. El año pasado recibimos más de 1.200 consultas, en las que en más del 95% pudimos explicar de inmediato. Es común que en el aire se confunda Venus, la estrella de la tarde, con una nave. Bajo ciertas condiciones atmosféricas, esta estrella puede parecer que se mueve. A veces también cae chatarra espacial o meteoritos que pueden dar pie para dudas. Incluso los globos, que se arrojan en gran cantidad en algunas ceremonias, van a parar a las nubes y desde ciertos ángulos pueden confundir. Nos llegan muchos videos adulterados, que a esta altura reconocemos de inmediato. Insectos, pájaros, reflejos de cámaras también pueden hacer lo suyo, pero hay otros, los menos, que no sabemos lo que son. Esos son los que nos interesan.

-¿Y qué le dicen a las personas que vieron ovnis?

-Tenemos casos de personas que han quedado muy estresadas. Les damos apoyo sicológico y les decimos que el fenómeno sí existe, que no duden de su cordura. Nosotros normalmente damos charlas en la escuela de aeronáutica diciendo lo que sabemos y haciendo algunas recomendaciones. En esas instancias el piloto debe preocuparse sólo de la seguridad del vuelo y debe ser otra persona la que trate de registrarlo. También les pedimos que no se acerquen a los objetos. Luego, es bastante común que estas experiencias le cambien la vida a la gente, casi siempre para mejor. Depende del grado de contacto que hayan tenido. Yo creo que quienes ven estos objetos piensan que puede haber algo más que la pura materia.

“Algo está sucediendo en los cielos y no sabemos qué es. El fenómeno existe y nosotros tratamos de establecer ciertos patrones de su comportamiento”.

-Esto debe prestarse harto para la chacota.

-Por supuesto, ya estamos acostumbrados a las bromas. Sin embargo, cuando la gente se da cuenta de que tratamos el tema de forma seria, que somos escépticos y usamos métodos científicos, pasan de la risa a la curiosidad. Cuando jugaba tenis, mis amigos me preguntaban si todavía andaba buscando enanos verdes. Ahora no, me preguntan cuál fue el último caso. Mi familia me dice que soy el dueño de los ovnis a veces, para reírse, pero creen en esto porque les muestro pruebas.

-Es que hay muchas películas sobre el tema. A todo esto ¿Le gustan?

-Pero por supuesto, yo soy un enamorado de la ciencia ficción. Podría proporcionar guiones de primera con todo lo que he visto, pero hay que tener clara la distinción para no confundir a la gente. Con la ficción nos volamos e imaginamos un montón, pero dentro del marco de la ciencia ficción. Si se rompe ese límite pueden pasar episodios como el de La Guerra de los Mundos de Orson Welles, un radioteatro que alarmó tanto a la gente, que incluso terminó con muertos. Es un frágil equilibrio.