Temporada de alergias

Gabriel León

Martes 13 de septiembre de 2016

Los días más largos y cálidos de septiembre anuncian la llegada de la primavera. La famosa alergia no es evidentemente a la estación del año, sino que a uno de sus productos: el polen.

Durante la primavera los árboles abren sus flores, liberando cientos de miles de granos de polen que, flotando en el viento o transportados por abejas, aves o animales, cumplen el muy importante rol de fertilizar a las flores de la misma especie. En efecto, el grano de polen lleva a los gametos masculinos de las plantas y durante la primavera podemos encontrar miles de ellos en cada metro cúbico de aire. Lamentablemente a veces nuestro cuerpo decide que esos granos son partículas eventualmente nocivas y produce anticuerpos contra ellos, generando una respuesta inmune contra algo que en realidad no reviste peligro.

Hoy sabemos que existe un componente genético relacionado con las alergias, pero además existe un componente ambiental muy relevante. En efecto, es mucho más común que este tipo de alergias afecte a personas que viven en grandes ciudades o áreas industriales y que no están expuestas regularmente a cantidades importantes de polen. Si los síntomas de la alergia parten en septiembre, se trata de alergia al polen de los árboles. Por el contrario, si los síntomas comienzan en diciembre, se trata de alergia a al polen de los pastos. Si experimentan síntomas de alergia desde septiembre y hasta enero, son alérgicos a ambos tipos de polen. Debido a la masiva presencia de árboles en ciudades como Santiago es muy difícil evitar el polen. Algunas cosas que pueden hacer para evitar exponerse en exceso son secar su ropa en el interior de la casa o darse una ducha al regresar a casa luego de estar en la calle. También pueden recurrir a algunos medicamentos antihistamínicos y gotas oftálmicas.