El olvidado esplendor de la Fundación Arrieta

Emma Antón

Lunes 12 de septiembre de 2016

La esquina de Avenida Egaña con José Arrieta, en la comuna de La Reina, actualmente es ocupada por un local que se dedica a la venta de materiales de construcción.

Grandes pilas de arena y ladrillos ocupan el lugar, y si eso no es lo que capta la atención de una persona que detenga su mirada en el sector, probablemente serán los grandes anuncios que hay fuera del recinto, promocionando planes de telefonía móvil.

Sin embargo, si uno observa un poco más allá, podrá ver un antiguo edificio que luce la leyenda “Fundación Arrieta”. Aquella construcción es el único vestigio de lo que podría considerarse como una de las primeras organizaciones no gubernamentales que se preocuparon por mejorar la calidad de vida de los vecinos de un barrio, tal y como explican Fernando Imas y Mario Rojas, del Estudio Brügmann, centro de investigación y restauración patrimonial.

“Arquitectónicamente hablando, el edificio es sumamente relevante, porque es el único vestigio de esta fundación”.
Fernando Imas, restaurador de Estudio Brügmann.

“La fundación ofrecía una escuela gratuita, un consultorio médico y dental gratuito, canchas deportivas, salones de lectura, salas de conferencias, y una guardería infantil. Esto último era algo súper importante, porque permitía a las madres salir a trabajar e incorporarse al mundo laboral. También contó con un sistema de ambulancias y carros mortuorios”, detalla Rojas.

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SUS INICIOS

La historia de la fundación es relevante debido a José Arrieta Perera, un político uruguayo que a fines del siglo diecinueve se desempeñaba como cónsul general en nuestro país. En 1870 adquiere los terrenos de la Hacienda Peñalolén de manos de la familia Egaña (Juan Egaña redactó la primera Constitución de Chile, en 1823; su hijo Mariano redactaría la Constitución de 1833).

Los terrenos comprendían toda la extensión de la calle José Arrieta en el presente: al final de ésta estaban el parque y casona ocupadas por la familia, sector actualmente propiedad de la Universidad Internacional SEK.

Arrieta Perera crea la fundación en el año 1910, pero al año siguiente muere y es su hijo, Luis Arrieta Cañas -el sexto alcalde de Ñuñoa- quien lleva a cabo el proyecto de beneficencia.

“Nació como un establecimiento para proveer de servicios a la población más desposeída de la comuna, mejorar su calidad de vida y desviar de los vicios, como la embriaguez, a los trabajadores, dándoles la oportunidad de ocupar su tiempo de ocio en otros asuntos”, explica Fernando Imas.

El edificio que aún perdura, en el que actualmente está el local de materiales de construcción, era el Teatro-Circo Peñalolén. Cabe precisar que la ubicación del edificio en la actualidad se encuentra en la comuna de la Reina, pero está justo en el límite con Ñuñoa y Peñalolén.

Los restauradores del Estudio Bügmann indican que en el edificio se presentaban piezas dramáticas y musicales de excelente calidad, y más tarde sirvió también como biógrafo, donde se proyectaban películas de la incipiente industria cinematográfica. La obra adquirió tal relevancia que incluso el presidente Arturo Alessandri visitó el Teatro-Circo en la década del treinta.

La fachada del Teatro-Circo en sus inicios tenía siete escalones que daban a una gran puerta de madera, la que era custodiada por dos leones. En el presente, ya no es posible apreciar que el edificio de la Fundación Arrieta correspondía al Teatro-Circo Peñalolén, como así tampoco su fachada original, la que sufrió muchas modificaciones debido al paso del tiempo. Los leones apenas son reconocibles.

“Su estructura tiene una cubierta que asemeja un hangar de avión. Esto se llama sistema de Lamelas, realizada según el método del alemán Freidrich Zollinger, que hoy cuenta con muy pocos exponentes en el mundo, y en Chile, aún menos. El incendiado mercado de Concepción era uno de ellos y el desaparecido Gimnasio de Lota Schwager era también otro caso. Tan sólo por eso debiera ser un inmueble digno de conservar”, detalla Mario Rojas.

Por su parte, Imas agrega que “arquitectónicamente hablando, el edificio abandonado es sumamente relevante porque además es el único vestigio de esta fundación”.