Vivan las carnicerías de barrio

Consuelo Goeppinger

Viernes 16 de septiembre de 2016

Faltan solo dos días para la celebración oficial de las Fiestas Patrias y las ganas de comer un jugoso y ahumado trozo de carne –y, por supuesto, el infaltable choripán en marraqueta– se apodera de casi todos. No creo que haya otras fechas en la que los chilenos –exceptuando a vegetarianos, veganos y animalistas– comamos más carne que en estas. Por lo mismo, me parece pertinente hablar de las carnicerías y la importancia de estas. En un pasado, había muchas y cada barrio tenía a su carnicero regalón. Ahora, casi hay que buscar con lupa a las que quedan. Sí, hay varias en Santiago Centro y otras comunas de la ciudad, pero es un hecho que están desapareciendo. ¿La razón? Es muy difícil competir con los precios de un supermercado.

Lo cierto es que aún hay decenas de carnicerías en la ciudad que no solo tienen buenos precios: la carne que venden no tiene nada que ver con la que venden en un supermercado. Es mucho mejor. Por lo mismo, hay que apoyarlos. Prueba de ello es, por ejemplo, la famosa Buena Carne, ubicada en El Salto, que desde hace décadas ofrece los mejores cortes vaca, chancho y otras carnes difíciles de encontrar en otro lado, como lechón, pato y codornices, entre otras.

En Ñuñoa, Carnes Escudero es una maravilla. No tiene precios ultra económicos, pero eso se compensa con la buena calidad de sus productos y la excelente atención de los carniceros. Ojo con las longanizas de malaya artesanal que ahí venden: son una verdadera delicia, con buenas dosis de comino y levemente picantitas.

En el Matadero Franklin está Carnes Beniken, que tiene buenos precios y calidad; y a la vuelta, en calle Arauco, está Carnes Bilbao: un pequeño local que no tiene mesón a la vista, pero que ofrece algunos de los mejores corte de la ciudad y a muy buen precio. De hecho, le venden a destacados restaurantes de Santiago. Usted pida su carne favorita y confíe: va a regresar.

Si de chancho se trata, hay dos lugares imperdibles. Uno es Cerdicom, en Franklin, que vende absolutamente todos los cortes de este animal y, por cierto, sin marinar. El otro templo es La Continental: una pequeña carnicería ubicada en el Pasaje El Baratillo, cerca de la vega chica, que también ofrece solo joyitas porcinas, sin químicos ni marinados raros. Compre los más lindos costillares y arrollados, o sus ricas mini longanizas: adictivas. Y si su carnicería favorita no es ninguna de estas, no importa, pero trate de comprar todo lo necesario para un asado en ella.