La Diana: sin reserva no hay paraíso

Ignacio Tobar

Jueves 11 de agosto de 2016

La Diana tiene un solo problema: sin reserva es un milagro encontrar una mesa vacía. Los que fueron a La Jardín en Bilbao, bien sabrán que se trata de la reinvención del lugar aunque desde el otro lado, en San Diego, en Santiago Centro, a un costado de la Iglesia Los Sacramentinos.

El concepto sigue siendo el mismo: comida rica en un ambiente donde todo es reciclado. Puertas, sillas, mesas, cubiertos, fotografías, papel mural… absolutamente todo viene desde el pasado y le da una ambientación cinematográfica al lugar, donde las luces juegan un papel clave.

Es el encanto de un lugar que algunos califican de abajista o para cuicos cuarentones, pero son estigmas. Lo concreto es que su plateada al horno con pastelera y ensalada chilena, por dar un ejemplo, es todo un acierto. El choclo cremoso parece recién molido y la carne blandita y jugosa revela la calidad de la cocina de La Diana. Hasta la salsa para picar con pan amasado en la espera de los palto es riquísima.

Pero lo mejor es abrir la noche con una clásico de la casa: pan de campo al horno relleno con fondue de quesos (el que se ve en la foto). Cuesta $6.300 y es más que suficiente para dos. Una joyita que puede acompañar con algún trago de la carta. Los cocktails suaves como el amaretto sour y los mojitos en todas sus versiones andan muy bien. También están los especiales de la casa, entre los que destaca el Double Dragon (gin, jugo de limón y pepino).

La Diana se divide en dos espacios. Las mesas para grupos grandes están en el patio sobre baldosas. Y el interior es más íntimo, con pequeños livings y con la mejor mesa: una que se ubica en el descanso de una escalera y donde solo caben dos, sin nadie alrededor. Resérvela y quédese hasta el cierre.

Para el final no le haga el quite al volcán de chocolate acompañado de crema inglesa de maracuyá y helado. A sólo $4.100. Para dos y una buena razón para volver. En La Diana se come bien y atienden mejor, sin presiones para sumarle ceros a la cuenta. Los garzones son rápidos y a nadie le molesta que de un plato coman dos.