La práctica del yoga con gatos llega a Chile

Natalia Heusser

Lunes 29 de agosto de 2016

Desde 2001 que Bárbara Petit practica yoga y en 2014 se convirtió en profesora de esta disciplina. Lleva dos años dedicada a la docencia, pero a partir de hoy dará un giro en su trabajo, ya que comenzará a dar clases de cat yoga, o yoga con gatos, un área que recién está tomando fuerza en Chile.

“Acá esto recién está empezando, pero está muy desarrollado en otros países. Esta combinación tiene múltiples beneficios, ya que produce tranquilidad tanto en humanos como en felinos. Mientras las personas hacen las posturas, los gatos andan sueltos en la misma sala, se pasean, piden que les hagan cariño y se acercan porque les parece extraño”, señaló Petit a La Hora.

“Las clases no son masivas para que los gatos no se sientan invadidos o incómodos. Es una buena oportunidad para que la gente mejore su calidad de vida en compañía y aprenda a valorar las cosas simples”, agregó.

Para preparar sus lecciones está ensayando en su casa con Tigre León, su gato de cinco años. “Haré de manera formal lo que hasta ahora era una instancia reservada sólo para nosotros”, comentó Petit.

Sus clases de cat yoga se realizarán en el primer cat café chileno permanente, llamado El Mundo de Dalí, en Ñuñoa. Aquí se cerrarán las puertas los martes, de 11 a 12 horas, y los miércoles de 19 a 20 horas, para que Petit pueda dedicarse a la disciplina. Eso sí, sólo podrán participar los ocho gatos que son parte de la cafetería y que esperan por adopción (www.facebook.com/elmundodedalicatcafe).

“Es bueno tener gatos acompañando esta práctica ya que puedes relacionarte con ellos en otro ámbito y se produce una cercanía única”.
Juan Pablo Jara, profesor de cat yoga.

Juan Pablo Jara es instructor de yoga e incursionará por primera vez en esta nueva área. Será compañero de Petit, aunque sus sesiones serán los jueves, de 11 a 12 horas. “Me llamó mucho la atención este espacio. Siento que el yoga y los gatos se relacionan mucho. Se nota que disfrutan de la instancia y están muy presentes en las actividades”, dijo.

“Es bueno tener gatos acompañando esta práctica ya que puedes relacionarte con ellos en otro ámbito y se produce una cercanía única. Eso me pasa con Debbie, mi gata de dos años. Cuando hago yoga se sube a mi pecho, duerme a mi lado e incluso imita alguna de mis posturas”, afirmó Jara.

En La Casa de la Gata Horacia, un centro integral para felinos que en los próximos días abrirá sus puertas, también incluirán el cat yoga (www.facebook.com/lacasadelagatahoracia).

La encargada de las clases es Macarena Trejos, quien enseñará una serie de posturas y contraposturas clásicas del Hatha y Vinyasa Yoga, las que serán apoyadas por los anfitriones gatunos que componen este recinto en Providencia.