Chicken Story: una ventana a Corea

Sebastián Alburquerque

Viernes 22 de septiembre de 2017

¿Cuánto puede mejorar un pollo frito? En Chicken Story, ubicado en Patronato, preparan el más rico que se puede encontrar de este lado del Oceáno Pacífico.

Corea es un mundo aparte. Eso se hace obvio al sentarse en una mesa de Chicken Story. En dos pantallas gigantes pasan videos de grupos pop que jamás han salido en un diario nacional y, justo atrás, en un rincón especial para niños pequeños, pasan dibujos animados que ningún canal de televisión ha transmitido. Es la Cultura K, que en Chile cada vez tiene más adeptos (si no, pregúntele a cualquiera de los preadolescentes que practican las complejas coreografías de bandas K-pop afuera del GAM).

En Chicken Story se respira coreanidad. No sólo porque en sus paredes está escrito el himno de Corea del Sur, sino porque literalmente en el aire está el olor a sus especias. Y el plato coreano homenajeado acá es el pollo frito.

¿Qué tan diferente puede ser el pollo frito coreano del que acostumbramos acá? Para empezar, en la carta hay contre y patas de pollo rebosadas, pero se optó por un más ortodoxo plato de trutos mixtos (hay opción de pechuga deshuesada pero ojo, el sabor está en el hueso).

El plato (a $10.900, para dos) trae papas fritas, una porción de nabos encurtidos (adictivos) y el pollo frito; media porción simple, y media con salsa agridulce. El simple venía perfectamente frito, crocante y sabroso. ¿Aliñado con qué? Difícil saber. Ajo, seguro, pero hasta ahí llegan las certezas. Pero el gran ganador es el bañado en salsa barbacoa coreana: dulce, picante, salado, ácido y delicioso. Parecida a la salsa hoisin china, pero más suave y dulce. Está la opción de pedir el pollo extra picante, y la carta advierte que es “solo para valientes”.

Además, la ingeniería coreana piensa en todo. Aparte de tenedor, en la mesa hay unos profilácticos para dedos. Son una especie de guante, para ponerse en los dedos índice y pulgar, que permite agarrar las presas sin mancharse. Una idea que debería replicarse en Chile, América, todo el mundo.

Hay varios restaurantes coreanos en la capital, pero ninguno, ninguno, como Chicken Story. Una oda al pollo frito, la comida rápida de la península.

Chicken Story. Antonia López de Bello 267, Recoleta