El abandono del invernadero de Quinta Normal

Emma Antón

Martes 19 de julio de 2016

El invernadero ubicado al interior de la Quinta Normal es la representación de una época en donde los viajes, las expediciones científicas y la apreciación del arte eran una tendencia.

Sin embargo, en la actualidad este Monumento Histórico (desde el 2009) se ha convertido en uno de los símbolos del abandono y la poca preocupación por proteger el patrimonio con que cuentan estas construcciones.

Si bien esta estructura se encuentra al interior del parque capitalino desde 1890, su emplazamiento original fue en la Quinta Meiggs, que se ubicaba en el actual Barrio República. Su propietario, el empresario estadounidense Henry Meiggs, incluso construyó un palacio ahí. De esos terrenos, el invernadero es el único testimonio que perduró de la Quinta Meiggs.

Su construcción data del siglo XIX

A pesar de que no se tiene certeza sobre su fecha de construcción, se estima que data de 1866. Su armazón es de fierro forjado y originalmente estaba cubierto de vidrios y algunos vitrales; se sospecha que sus piezas fueron prefabricadas en Europa, debido a la similitud que tiene con sus pares de Francia (Parque Château des Ravalet y Jardín Massey en Tarbes).

Constanza Martínez, de Plataforma Urbana, destaca que el emplazamiento del invernadero es muy valioso, ya que está relacionado con las construcciones aledañas, contando una historia en común.

“Su esencia como conservatorio de plantas e invernadero está vinculada al Museo de Historia Natural y al Jardín Chileno, mientras que su construcción y valor arquitectónico está muy vinculado al Museo de Arte”, explica.

Y es que el invernadero se encuentra cerca del Museo Nacional de Historia Natural, al Jardín Chileno Carlos Muñoz Pizarro y al Museo de Arte Contemporáneo, todos en la misma Quinta Normal.

“Se ha gastado mucha plata en estudios y consultorías, pero las obras quedan en nada”.
Rosario Carvajal, presidenta de la Asociación Chilena de Barrios y Zonas Patrimoniales.

Cerca también se encuentra el Museo Artequín, que de acuerdo a Martínez tiene una historia similar. Esto porque también su actual ubicación no es la original, sino que era parte de la Exposición Universal de París, desde donde fue traído hasta Chile y rearmado. La agrupación de estas construcciones guardan una armonía entre sí, ya sea por sus funciones, su historia o su arquitectura.

La caída

Luego de que en 1922 cesara en sus funciones el último director del Jardín Botánico Nacional, el invernadero dejó de ser utilizado como conservatorio de plantas exóticas, comenzando su declive. Recién en 1989 se intentó rescatar el espacio, destinando el lugar al Conservatorio de Plantas Medicinales, proyecto que sólo duró hasta 1995. Desde entonces, el lugar ha estado abandonado.

Rosario Carvajal, presidenta de la Asociación Chilena de Barrios y Zonas Patrimoniales, indicó que se han invertido muchos recursos para realizar estudios y consultorías para rescatar la estructura, pero nunca se ha concretado nada.

“El lugar está en malas condiciones y está abandonado”, aseguró.

Sin embargo, no todo está perdido. Si bien la recuperación del sitio requiere dinero para restablecer los vidrios que alguna vez protegieron las especies vegetales que tenía, además de la mantención que necesita el esqueleto de fierro, unas matas de ruda, menta y dos solitarias caléndulas preservan la esperanza para rehabilitar el lugar.

Constanza Martínez destaca que estas plantas son el resultado de los mismos vecinos del sector, quienes han intentado restablecer el espíritu del invernadero.

“Hay que destacar el rol ciudadano que tienen los vecinos en apropiarse pacíficamente de este espacio, demostrando que es posible recuperarlo a través del proyecto sustentable que corresponde a los huertos urbanos, de la organización Ecobarrio Yungay”, recalcó.