Scrat, la gran triunfadora de La era del hielo

Felipe Morales

Miércoles 06 de julio de 2016

La ardilla es el personaje más destacado de una cinta que cumple, pero que parece haber perdido el encanto de las primeras entregas.

Tras cinco películas de La era del hielo la pregunta parece obvia. ¿Por qué los estudios Blue Sky no han realizado una cinta en solitario de Scrat, el personaje más hilarante de la franquicia? La ardilla, que en cada entrega persigue a su escurridiza bellota, desata el interés y las carcajadas suficientes para tener su propia aventura, y no ser parte de una trama que se debilita con el paso de los años. Los minions (nacidos al alero de Mi villano favorito) tuvieron su oportunidad el 2015 y recaudaron más de US$1.150 millones. Scrat merece lo mismo.

En La era del hielo: choque de mundo, Manny el mamut, Sid el perezoso y Diego el tigre dientes de sable enfrentan junto al resto de la manada la eventual caída de un meteorito que acabaría con la vida en la Tierra. En su camino aparecerán nuevos y viejos conocidos para hacer frente a la amenaza. Curiosamente es Scrat quien desata la catástrofe cuando, en busca de su preciada bellota, descubre una congelada nave extraterrestre que lo lleva de forma accidental al espacio.

En medio del conflicto cósmico, el toque familiar. Manny ve cómo su hija Morita busca la independencia de la mano de Julián, su despistado novio, desatando su celos y aprensiones de padre.

El filme entretiene y suma secuencias animadas de lujo, pero lo hace de la mano de una historia forzada, desgastada, que está lejos de emocionar como la primera entrega. La mezcla de chistes para niños y adultos no resulta del todo y los nuevos personajes parecen creados sólo para estirar una saga que acumula más de US$3 mil millones a nivel mundial.

A la chilena

La versión de La era del hielo: choque de mundos que se verá en Chile es la única en Sudamérica que cuenta con un doblaje propio. Tonka Tomicic, Martín Cárcamo, Rodrigo Salinas, Augusto Schuster, Fernando Godoy y el youtuber Germán Garmendia prestan sus voces a nuevos roles, tratando de dar mayor identidad y cercanía al filme. Pero para los más puristas, la medida puede resultar fatal. Lejos de formar parte de un mismo relato, algunos doblajes parecen fuera de contexto y hasta innecesarios, distrayendo al espectador.

No hay dudas que medidas como éstas fomentan la industria audiovisual chilena, pero ¿necesita una saga de la talla de La era del hielo este tipo de gancho comercial para atraer más público?