Baradit defiende el éxito de su nuevo libro

Ignacio Tobar

Miércoles 13 de julio de 2016

“En 10 días pasó las cinco cifras”, dice, sorprendido, el escritor respecto de la venta de Historia secreta de Chile II, el libro de no ficción más vendido en el país.

Para bien o para mal, la irrupción de Jorge Baradit en el mercado de las librerías abrió un debate que no termina.

“Es una controversia”, puntualiza el escritor que con Historia secreta de Chile II (Sudamericana) suma dos semanas como el libro de no ficción más vendido en el país. Al igual que como ocurrió con la primera entrega -con la que vendió 90 mil copias-, el autor vuelve a presentar un set de crónicas sobre momentos, personajes, misterios y dudas acerca de la historia patria, que escandalizan a puristas y académicos y que, en paralelo, encantan a un público que no suele leer libros de historia.

“Con el primer libro y con este ahora, hay historiadores a favor y en contra, lo importante es que esta controversia ayudó a levantar el tema”, agrega Baradit.

En junio de este año un grupo de historiadores jóvenes de la UC irrumpió con una columna titulada Jorge Baradit: la apropiación del saber, el protagonismo de las elites y el ninguneo docente. En ella postularon que los libros del autor degradaban “el trabajo de quienes llevan décadas dedicados al estudio y la enseñanza de la historia y su didáctica”. Con ese escenario de fondo llegó Historia secreta de Chile II, que “en 10 días ya suma cinco cifras, es inédito”, explica el controversial escritor que además las oficia de panelista de Mentiras verdaderas en La Red. “Yo nunca he ninguneado a un historiador, jamás. En estos dos libros yo presento crónicas y pasajes de la historia desde un punto de vista más humano, herramientas que están permitidas en la narración. Por ejemplo, si yo digo que un hombre de más de 60 años anda en Santiago sin saber que destruyó el acta de la Independencia en 1973, no estoy afirmando nada, no estoy mintiendo. Lo que hago es una interpretación novelesca de ese momento, pero no miento”, dice en referencia al soldado que le quitó el documento histórico a la secretaria del ex Presidente Allende, Miria Contreras, cuando intentó rescatarlo antes del bombardeo a La Moneda.

Así construye Baradit sus libros súper ventas: “La historia tiene puntos de vista. Y yo me baso en opiniones de historiadores, parto desde ahí. Y cada crónica tiene su dinámica de investigación. Desde fuentes primarias, relatos orales y hasta el encuentro que, por ejemplo, conseguí con una nieta de uno de los que murieron en La Matanza del Seguro Obrero”.

-O sea este libro lo leemos como uno de NO ficción

-Por supuesto. Y me gusta que sirva de puerta de entrada para otros libros de historia profundos, de autores que quizás no les interesa llegar a lo masivo.

-¿No crees que hay ahí entonces una deuda de los historiadores con las clases menos ilustradas?

-He conversado con algunos historiadores que hacen un mea culpa por ser incapaces de llegar a un público masivo, pero quizás es porque ellos no tienen cursos de redacción y al final quizás no es su obligación como académicos.

-¿Tú esperas que tus libros puedan servir para que los niños estudien en los colegios?

-Sé que hay profesores que los usan para cruzarlos con otros libros de historia. Y eso me honra. Y me pasa que a veces un niño de 12 años me dice que al leer el libro sintió las balas, sintió que estaba en la batalla. Y eso ocurre porque estos libros sirven como una guía que acercar a la gente de manera más emocional a la historia, le da emoción a muchos datos duros y fechas que ya conocemos.

-Como por ejemplo…

-Por ejemplo yo fusionó a Pinochet y a O’Higgins en la portada del libro. Hay un paralelismo y en el caso del segundo hay mucha gente que lo odia y lo venera. Y es bueno mostrar todos los lados de O’Higgins, de este hombre que sufrió toda su vida por ser “guacho” y que cuando es adulto hace lo mismo. O Portales, que fue más duro que O’Higgins, un déspota que restituye la monarquía disfrazada de república. Cuando concebí el libro pensé en crónicas de seis páginas, cortas, no con la profundidad de un libro de historia, porque no pretendo ocupar un lugar que no me corresponde. Hasta pensé que fuera un libro con una cantidad de páginas determinadas para que costara menos de 10 lucas y que cada crónica se leyera al andar por un par de estaciones de metro. Que la gente se acercara a la historia.