Voto obligatorio, ¿es la solución?

María Jaraquemada

Viernes 24 de junio de 2016

El domingo pasado realizaron las elecciones primarias para alcaldes en 93 de 345 comunas del país, es decir, un poco más de un 25% del total de comunas. La participación electoral bordeó el 5,5%, por lo que se volvió a abrir el debate de instaurar el voto obligatorio.

Sin entrar al debate de fondo sobre si votar es un deber o un derecho, creo que la baja participación en estas primarias no puede solo atribuirse a la voluntariedad del voto. En primer lugar, se trata de primarias que no son obligatorias, por lo que sería contradictorio que los partidos no se vean obligados a realizarlas pero todos los ciudadanos sí a participar en ellas. En segundo lugar, tal como ya señalaba, se realizaron primarias en aproximadamente un cuarto de las comunas del país, por lo que no se trata de un proceso eleccionario nacional y altamente competitivo donde la ciudadanía se haya sentido convocada a votar de manera generalizada.

Si bien quizás faltó mayor información por parte de los partidos y del Gobierno, a  este proceso hay que sumarle la desconfianza y distancia actual que siente el ciudadano hacia los partidos e instituciones políticas. Es difícil entonces pensar que en estas circunstancias las personas van a acudir en masa a votar en una primaria sintiendo esta desafección por la política.

“Hay muchas reformas que están pendientes para que la ciudadanía vea como un ejercicio necesario para nuestra democracia el ir a votar”.

Sin embargo, se han ido tomando medidas y realizando cambios para intentar revertir esta situación a futuro: las nuevas normas sobre campañas –que también fueron criticadas por estrictas y como causa de la baja participación- donde se busca que prime más el debate de ideas que sólo el marketing; las normas más estrictas sobre financiamiento de campañas y de la política en general que tienden a evitar su captura; una mayor fiscalización del Servel; las obligaciones de mayor transparencia de los partidos y sus directivas; entre otras, buscan acercar más al ciudadano a sus representantes.

Estos cambios no se darán de un minuto para otro y hay muchas  reformas que están pendientes para que la ciudadanía vea como un ejercicio necesario para nuestra democracia el ir a votar. Es esencial volver a confiar en nuestros políticos, pero para esto los vicios y malas prácticas del pasado tienen que desaparecer.