Reaparecieron la Roja de los "mosquitos"

Julio Salviat

Lunes 20 de junio de 2016

España e Inglaterra fueron los primeros en saborear la medicina del nuevo fútbol chileno. Después de la transformación que logró Marcelo Bielsa, la “Roja” se transformó en potencia en el 2013 bajo el mando de Jorge Sampaoli y mostró sus progresos en dos amistosos que hicieron historia: 2-2 con España en Ginebra (dos goles de Eduardo Vargas) y 2-0 a Inglaterra en Wembley (dos goles de Alexis Sánchez).
El reconocimiento vino desde las bancas contrarias: “Nos desconcertaron absolutamente, porque son suicidas en la presión”, resumió Vicente Del Bosque, el estratego hispano. Roy Hodgson, el DT inglés, fue más certero: “Parecían mosquitos: nos picaban y arrancaban. Sólo los veíamos pasar”.

La presión y el vértigo impuestos por Sampaoli duraron hasta el Mundial de Brasil . En la Copa América, influido por Pep Guardiola, el casildense bajó las revoluciones.
Esos mosquitos que asombraron a los europeos reaparecieron el sábado en Estados Unidos. Desde esos días de 2013 que no se veía a un conjunto nacional combinando tan armónicamente el despliegue físico con la calidad técnica; el orden del juego con la calidad individual; la riqueza de recursos con la contundencia para definir.

En Santa Clara (California), ante 65 mil espectadores que gritaban en contra y 5 mil que alentaban, Chile cumplió una de las actuaciones más brillantes de su historia y consiguió la meta mínima fijada: acceder a las semifinales de la Copa América Centenario.

El mérito del inesperado 7-0 se acrecienta por la calidad del rival. México era el favorito para disputar la final con Argentina.
La goleada, además, dejó hitos considerables para Eduardo Vargas: igualó a Enrique Hormazábal como máximo anotador chileno en Copa América y superó a Carlos Caszely en el recuento total de la selección; se convirtió en el primer jugador chileno que anota cuatro goles en un partido oficial desde que David Arellano lo hizo ante Bolivia en 1926; y confirmó que es un goleador de ley: sólo el arquero boliviano Carlos Lampe pudo atajar un disparo suyo. Los otros seis terminaron en la red.