Pura química

Patricio Corvalán

Jueves 23 de junio de 2016

Perdió la cuenta. Lleva tantas veces en las mismas, sentado en una recepción, invisible, donde lo miran como si estuviera incrustado en un mundo en el que no tiene cabida, donde no saca nada con llegar temprano, tres idiomas, ingeniero químico, honrado, trabajador, buen genio y eficiente, porque casi nunca llega a hablar de eso, porque apenas lo ven -interminablemente flaco en su cuerpo africano-, le preguntan de qué lugar viene y ahí sí que lo miran, para decirle que lo llamarán, aunque enseguida entiende que no habrá ese día y que deberá continuar, una vez más, perdiendo la cuenta.

Pero eso no basta para robarle la fe. Incluso se ríe cuando recuerda que hace ocho meses se vino con una promesa de futuro en una minera y que se encontró con que lo habían confundido con un francés de nombre parecido.

Entonces, era volver o resistir. La fe tiene tanto de porfía que decidió quedarse. No hay mañana en que no baje impecable desde la pieza que arrienda en el cité. Hay días en que hasta se olvida que no nació en Chile ni en uno de esos países importantes que terminan en A sino en Níger, que suena tan a otro mundo que en éste no tiene cabida.

“Está seguro que algún día se darán cuenta de que existe. Por ahora, mientras eso sucede, pasa sus noches en el bar, trabajando en lo que pudo conseguirse”.

Está seguro que algún día se darán cuenta de que existe. Por ahora, mientras eso sucede, pasa sus noches en el bar, trabajando en lo que pudo conseguirse. No es lo suyo, pero de nuevo se ríe cuando confiesa que, para convencer al dueño, aprovechó lo que sabe de química para mezclar tragos y transformarse en el barman.

El dueño le tomó buena. En este tiempo se ha dado cuenta que es trabajador y que con los idiomas puede atender a los extranjeros. Pero también sabe que merece más, así que consiguió que la próxima semana su cuñado lo entreviste. Aún es sorpresa, pero todo debería funcionar. Justo necesita un ingeniero químico, bilingüe, honrado, buen genio, eficiente. Y sobre todo alguien que nunca haya perdido la fe.