La moda del Escape Room llegó a Chile

Natalia Heusser

Lunes 13 de junio de 2016

El juego consiste en encerrar a un grupo de personas, quienes deben escapar contra el tiempo.

En el 2013 la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU. (CIA) confirmó la existencia de la famosa Área 51, un lugar que, según la creencia popular, se trataría de un centro de investigación de extraterrestres y de objetos voladores no identificados (ovnis).

Tomándose de esta historia, Sebastián Michellod (31), un suizo radicado en Talca, ambientó una pieza de 9 metros cuadrados y la convirtió en una mini Área 51 chilena.

Aunque no da muchos detalles para no matar la magia, Michellod cuenta que se trata de una especie de búnker oscuro, donde hay muñecos similares a alienígenas disecados, diferentes mecanismos electrónicos, ropas, y varios implementos secretos propios de una base dedicada a estos estudios.

La peculiar habitación que creó en febrero Michellod es parte del juego de realidad llamado Escape Room Chile, adaptado del clásico videojuego Escape Room, muy popular entre los jóvenes que juegan en línea en internet.

La idea es que un grupo de personas ingrese a esta sala y en una hora encuentre las soluciones a distintos enigmas para poder salir de ella. A través de un relato computarizado, se le explica a las los participantes que son extraterrestres, y que a través de un trabajo en conjunto, deben encontrar una llave para poder liberar a otro de su especie, el único capacitado para detener un sistema de autodestrucción que tiene la nave que los trajo a la tierra.

“A través de cámaras monitoreo y guío a los competidores. Lo importante es que ellos piensen  que se encuentran dentro de una película. Hay algunos que no han encontrado la llave, porque el juego es de alta dificultad y otros que salen felices porque lograron el objetivo. En Chile el Escape Room recién está empezando y por ahora las personas vienen de curiosas. La mayoría de nuestros visitantes son universitarios, pero de a poco se atreven adultos que quieren experimentar cosas diferentes. En otros países, por ejemplo, la gente usa este juego en el día de los enamorados para pedir matrimonio. En vez de encontrar la llave, la pareja encuentra un anillo”, explica Michellod.

“Lo importante es que ellos piensen que se encuentran dentro de una película”.

Cada tres meses varían las pruebas del Escape Room. Aquellos que no resuelven el enigma, tienen un 50% de descuento en la entrada para que puedan ir otra vez. La tarifa está en $10 mil para dos personas, $14 mil para tres, $18 mil para cuatro y $20 para cinco. Los horarios, por lo general, parten a las 21 horas, pero primero hay que hacer una reserva en escaperoomchile.com. El juego está diseñado para mayores de 12 años, quienes deben ir acompañados.

“Próximamente lanzaremos la pieza Tesoro Maldito, ambientado en una habitación pirata; y para Halloween estrenaremos Serial Killer, inspirada en una película de terror, donde los participantes están secuestrados”, dice Michellod.

El primer Escape Room de Chile se hizo en enero del año pasado en Santiago y se llamó ParaPark. Pertenecía a una franquicia internacional, pero hace pocos meses cerró sus puertas porque la casa donde funcionaba fue vendida y aún no encuentran otro lugar dónde instalarlo.

“Tuvimos dos piezas. Una se llamaba el Habitáculo 113 y la otra El Quinto Elemento. La primera era de miedo y la segunda de aventuras. En total tuvimos más de 1.500 asistentes en menos de un año. Yo creo que el interés por estos lugares ha ido creciendo, incluso hay harta gente que quedó con ganas de visitarnos y siguen escribiendo para saber cuándo vamos a reabrir”, dice Tanya Mayol, la dueña de ParaPark.

Tiene más de 10 años de historia

  • Escape Room es un juego que ha crecido rápidamente a nivel mundial. Aunque hay versiones que dicen que su origen fue en Silicon Valley (California) en 2006, en Europa se supone que se inició en el 2012, en Hungría, a manos del emprendedor Attila Gyurkovics.
  • En el 2013 la marca ParaPark, que abrió la primera sala europea de escapismo en Budapest en 2012, llevó esta idea a Barcelona, España, cuidad que hoy cuenta con el mayor número de salas del país, las que llegan a 30.