El estadístico del fútbol nacional

Cristian González Farfán

Viernes 17 de junio de 2016

Luis Navarrete sabe que lo suyo es locura. Lleva toda una vida tomando nota de los infinitos números que se generan cuando la pelota se pone a rodar. “Esto es hobby, vicio, trabajo y pasión”, dice.

 

-¿Te ha dolido poner tantas veces “subcampeón” cuando te piden datos de la UC?

-Pero si me llamo Luis Segundo. De verdad, te lo juro, ése es mi nombre.

Luis Navarrete (57), estadístico deportivo de La Hora, con 26 años de experiencia en diarios, cultiva un flagelante sentido del humor. Cruzado hasta la médula y fanático de Alberto Fouillioux, celebró como nunca el último título de su equipo. “No sabíamos cómo dar una vuelta olímpica”, ríe, mientras en su casa de Conchalí el teléfono fijo no para de sonar. Él reniega del celular, Facebook y Twitter. Lo suyo es el bajo perfil.

Autodidacta por esencia, Navarrete muestra su oficina de trabajo, instalada en lo que fue su dormitorio cuando era niño. Él, cual boy scout, debe estar siempre listo, por si un editor requiere los números de Vidal en la Copa América o hace cuánto que Paredes no pasaba por una sequía goleadora tan extensa. “Asumí que me pueden llamar a las siete de la mañana o a las doce de la noche”, dice Navarrete, quien prefiere que no le digan Lucho, Luchito ni “don” algo. Tratarlo de usted, menos. Simplemente Luis.

En su escritorio hay una biblioteca con todos sus archivos, fruto de un trabajo de investigación que, incluso, lo ha tenido semanas enteras metido en la Biblioteca Nacional: cuadernos escritos con lápices de pasta de varios colores sobre equipos de 1933, hojas con fichas de partidos de la década del 60 tipeadas a máquina de escribir, su colección de revistas Triunfo. Entre los libros, hay algunos jarros de Universidad Católica. En el sillón cuelga una camiseta histórica del club; en la pared, un ex “angelito” de Canal 13 con la franja en el pecho.

-¿Sigues viendo los partidos como hincha del fútbol?

-No, porque en ese momento voy anotando todo, estoy mandando datos.

-¿Pero se pierde la pasión?

-No. ¿Sabes cómo me doy cuenta? Porque las derrotas me duelen igual y los triunfos los disfruto igual.

Navarrete empezó a trabajar en la revista Triunfo, del diario La Nación, en 1990. Hasta ahí lo hacía como hobby.  Por entonces, su esposa y mamá le sugirieron llamar al periódico. Y que se ofreciera. Mientras pide permiso para encender un cigarrillo en su propia cocina, recuerda: “Fui a un teléfono público, de esos con monedas, busqué en la guía el número. Yo sabía que Julio Salviat era el jefe y hablé con él. Y al principio me dijo la típica de los jefes: déjeme su número, llame después. Pero Julio agarró papa y conversamos más de media hora. Yo le decía al hombre del negocio: póngale más monedas al teléfono, jaja”.

-¿Y cómo convenciste a Salviat?

-Se jugaba la Libertadores del 90, y a los equipos chilenos les tocaba con los peruanos. Le ofrecí la historia de la Libertadores entre Chile y Perú. Él tal vez pensaba: este gallo puede ser chanta y me hizo preguntas. Hasta que lo convencí. Venga mañana a las 12, me citó. Al otro día, cuando miró las planillas, me dijo: ¿y cuánto cobra usted por esto? Yo no sabía cuánto cobrar: pensaba que podían ser tres lucas y me pagó 25. Y así empecé de a poco, hasta que en el 99 me llamaron de La Tercera.

“La gran culpable de esto fue mi madre que era fanática de la UC. Mi vida en ese tiempo era estudiar, jugar a la pelota y anotar estadísticas. Soy un futbolista frustrado, igual que periodistas y árbitros”.

-¿Cuándo hiciste tus primeros apuntes?

-Aprendí a leer con el libro Ojo, ese del mi-ma-má-me-mi-ma. Y también me leía todas las revistas Estadio. A los siete años, las guardaba debajo de la cama y agarraba un cuaderno: anotaba todos los resultados de Católica, luego los goles, recortaba figuritas de los diarios y las pegaba con una goma que dejaba toda la hoja guateada, jaja.

-¿Siempre te gustó el fútbol?

-La gran culpable fue mi madre, que era fanática de la Católica. Ella se ponía nerviosa cuando escuchaba la radio: la apagaba si la UC iba perdiendo y la prendía para ver si había cambiado el resultado. Mi vida en ese tiempo era estudiar, jugar a la pelota y anotar estadísticas. Soy un futbolista frustrado, igual que periodistas y árbitros.

-¿Y cuándo empezaste a vislumbrar que esto podría ser una pega?

-En la década del 80. Yo iba mucho al estadio y pensaba: ¿cuántos partidos llevará Mario Lepe? Rayaba. En esos años compré una revista en la que salía un señor peruano que mandó una carta pidiendo datos de la U en la Libertadores de 1970. Le escribí sin mucha fe y a la semana tuve respuesta. Le envié las fichas con árbitro, público y expulsados. Y él también me mandó lo que tenía. Pero era más loco que yo, porque debajo de cada ficha ponía la fuente. Junto con los diarios, aparecía Radio Programas del Perú, Radio Mitre de Argentina, Radio Nacional de Paraguay… o sea, el tipo pescaba la onda corta, escuchaba todos los partidos e iba anotando. Por diez años intercambiamos información. Después perdí el contacto.

-¿Y tú eras de revisar varios diarios?

-Sí, yo era muy obsesivo. Por ejemplo, si Concepción jugaba con Ñublense el año 68, yo iba al diario El Sur. Luego, veía otro diario de Conce y buscaba una fuente más, porque así el margen de error se minimiza. Y era tan obsesivo que si en una fuente decía que el público aproximado era 1.200 personas, yo buscaba el público específico.

-¿Y si los tres diarios tiraban cosas distintas?

-Ponía asterisco. O de repente, no sé, había dos González, ¿quién jugó? No salía el nombre de pila. Ahí había que ver el comentario o qué plantilla viajó a jugar ese partido.

La copa centenario

-¿Es verdad que hubo una cumbre de estadísticos antes de la Copa América pasada?

-Sí, había que unificar criterios. Es muy difícil determinar los partidos clase A de Chile. Nos juntamos con Jorge Gómez, Carlos Gómez y Lucho Reyes para revisar los partidos en que teníamos dudas. Y había uno con México que cambiaba todo. Chile perdió 3-1 y era el último partido de Leonel Sánchez. La duda pasaba porque la selección mexicana era preolímpica. Pero yo revisé y México no era una selección joven. Lo sumé como partido clase A y quedamos de acuerdo. Con ese partido, Leonel sumaba 85 partidos por la Roja.

-¿Si Chile sale campeón sería la segunda Copa América de su historia?

-Yo al principio decía que no. Pero resulta que es una Copa América, querámoslo o no, porque se celebran cien años.

-O sea, Chile sería bicampeón si gana.

-Para mí sí, pero tenemos mala suerte. ¿Habrá otro campeón de América que dure menos de un año?

-¿Hay rivalidad entre los estadísticos?

-Nunca. Mira, te pongo el caso del gol cien de Esteban Paredes. Colo Colo perdió por secretaría 3-0, pero yo no les quito los goles a los autores. (N. de la R.: El Cacique igualó 2-2 ante Cobresal, con un gol de Paredes, pero la ANFP les quitó los puntos a los albos por la mala inscripción de un jugador). Según mi criterio, era un gol válido y ahí Paredes llegaba a los cien, pero otros decían que no. Nadie tiene la razón y nadie está equivocado: son puntos de vista. No hubo quiebre en la familia de los estadísticos, como intentaron decir.

-¿Pero a veces la estadística es injusta? Medel sólo tiene el título de Copa América.

-No, no es injusta, lo que pasa es que es manejable. Los números no mienten. Adán Vergara tiene cuatro títulos de Primera y ese es el dato objetivo. Algunos dirán que la Copa América es más importante que ganar cuatro títulos nacionales. Yo tiro los datos y el periodista opera con su criterio.

-¿Le cuentas a Bravo el título de Champions League?

-Sí, porque un arquero tiene menos opciones de entrar que un jugador de campo. El arquero generalmente reemplaza a otro arquero.

-¿Te sientes pionero de una generación de estadísticos?

-Yo hago mi pega nomás. No soy ególatra ni yoísta, no soy yo el que tiene que decir eso.

-¿Qué opinión te merece el fenómeno de MisterChip? Muchos usan sus datos y no saben de dónde provienen.

-Yo valoro mucho lo que hace, es extraordinario, porque también trabaja con la Euroliga de básquetbol. Él comete errores adrede, se los copian y nunca nombran la fuente. Se nota que tiene conocimiento de computación. Yo todavía no logro pasar todo a Excel. En mi caso, a veces mi hijo me ayuda a pasar algunos datos.

-Pero en general tu trabajo es solitario.

-Tiro el córner y lo cabeceo. Después tengo que lavar la camiseta, limpiar la pelota…

-¿Cómo recibe tu señora eso?

-Está acostumbrada. Yo siempre digo que es un hobby, vicio, trabajo y pasión. No sé si podría ganarme la plata en otra cosa.