Herencia Nacional: a bruñir los diamantes

Ignacio Tobar

Jueves 23 de junio de 2016

Herencia Nacional funciona hace un año donde operaba una joyería. Para que sus sánguches encandilen como las alhajas, urge un pulido para darles brillo. Como ocurre con el de plateada. 

Plateada de vacuno cocinada con cerveza negra. Se acompaña de una trilogía de quesos y champiñones salteados a la mantequilla. En medio del queso, un confit de tomates al orégano. Todo envuelto en un pan amasado fresco.
Al lado, papas cocidas con piel, para untar en mayo al ajo y un pebre rústico.

Así de larga es la descripción de Las Delicias, la preparación que abre la carta que ofrece Herencia Nacional. La sanguchería cercana al metro Tobalaba opera hace poco más de un año donde antes estuvo una joyería, de la que se conservan las estanterías y la bóveda de seguridad.

Pero vamos a la comida, que es lo central. Casi 30 minutos después del pedido, llega el sánguche. Al ojo, la preparación parece no cumplir con las expectativas que genera la grandilocuente carta: no es muy generoso en sus ingredientes.

La plateada viene cortada en cubos. Sabrosa aunque un pelín seca, dan ganas de que el chef la deshilache para saltearla unos segundos. Pero el pecado central de este pan llamado Las delicias son los champiñones. A todas luces son de tarro, pequeños y carentes de sabor, abundan y no aportan glamour. Por el precio ($7.900) uno esperaría que los hongos fueran orgánicos. El queso, en tanto, parece ser uno y no una trilogía. Mientras que el tomate aporta con una buena presencia dulce que le da personalidad a la creación del chef. Del pan, nada qué decir, rico, liviano y tibio.

Herencia Chilena

Av. Providencia 2433, Providencia.

En síntesis Herencia Chilena debiera apelar a su pasado de joyería y pulir sus sánguches para que adquieran el brillo que haga volver a los clientes.

Por el momento, el lugar tiene mucha onda tipo bar gringo, con mesas antiguas en un espacio pequeño y dos pantallas de TV ideal para ver las definiciones de la Copa América. Punto a favor también es la carta de cervezas y schops, que transita desde una suave Golden Ale con levadura americana de sólo 5° de alcohol, hasta el Morchella que viene de Puerto Varas.

Para el cierre: las tres papas que acompañan el sánguche son muy ricas y muy pocas. La mayo al ajo deliciosa, quizá es tiempo de que el chef descubra dónde tiene las joyas. El pebre rústico nunca llegó.