El chacal de las chimeneas

Arturo Figueroa Bustos

Miércoles 22 de junio de 2016

Luis Alberto Bustos es uno de los 20 fiscalizadores con que la Seremi de Salud combate a quienes encienden estufas a leña en episodios de alerta ambiental. Lleva 45 años en el rubro.

Llegó  a  la  Seremi  de  Salud  Metropolitana  hace  45  años  y  se  quedó  para  siempre.  Luis  Alberto Bustos es fiscalizador, y como tal, cada vez que hay una alerta ambiental sale  a  la  caza  del  humo.  Ese  que,  pese  a  las  advertencias,  sale  de  las  chimeneas  en  comunas  tan  dispares  como  Pudahuel o Lo Barnechea.

Pero la labor de don Luis abarca mucho  más:  fiscalizaciones  de  saneamiento  básico  en  domicilios,  de expendio  de  alimentos,  de  basurales  y hasta de cementerios. “Esta semana salí por alerta ambiental  en  la  noche,  el  horario  en  que  más  calefacción a leña se enciende. Fui a la Ciudad de los Valles, en Pudahuel, Ruta 68. Encontré dos viviendas en las que  salía  humo  por  todos  lados.

Y  lo  que responden los dueños es lo de siempre:  que  no  sabían,  que  desconocían la norma. ¡Pero si cuando hay problemas  con  el  esmog  se  sabe  en  todos  lados!”

-Ahí usted llega y les pasa la multa.
– Hago  el  acta,  dejando  constancia  del hecho, de la fuente que está usando como  calefactor  y  dejo  claro  el  por  qué  no  tenía  que  estar  encendido.  Se  lo  explico  y  lo  dejo  citado  al Departamento Jurídico  nuestro  para  que  venga a  dar explicaciones.

-¿Y  la  gente  toma  conciencia con ese trámite o no?
-Te lo digo sinceramente como fiscalizador:  cuando  la  autoridad  está presente la gente sí aprende la lección.

-¿De verdad?
-Un  ejemplo.  Hubo  varios  años en que  fui  constantemente  a  Lo Barnechea.  Las  viviendas  que  quemaban leña  se  reiteraban.  Sus  chimeneas humeaban  y  humeaban.  He  vuelto en  días  de  alerta  y  veo  que  ya no  las prenden. Puedo encontrar a un infractor,  pero  la  gran  mayoría aprendió  la lección.

-Se podría pensar que para gente con plata una multa no es nada.
-Esta  autoridad  tiene  la facultad de duplicar la multa si se es reincidente.

“Lo más común (en Lo Barnechea) es que te digan que tienen un calefactor de doble cámara muy moderno y certificado. Pero debieran saber que eso no basta, que en todos los episodios críticos se tienen que abstener de usarlo”.

-Es bien optimista usted.
-Fíjate  que  yo  creo  que  la fiscalización  da  ejemplo,  ha  demostrado que funciona.

-¿Qué  justificación  le  dan  ahí en Barnechea?
-Lo más común es que te digan que tienen  un  calefactor  de  doble cámara muy moderno y certificado. Pero debieran saber que eso no basta, que en todos los  episodios  críticos  se  tienen que  abstener  de  usarlo. Cualquier calefactor a leña o derivado de la leña.

-¿Cómo lo hace con una casa gigante, con un antejardín tremendo, perros, seguridad?
-Agotamos  las  instancias  para que nos  permitan  ingresar,  sin faltarle  el  respeto  a  nadie.  La  asesora  del hogar  no siempre  está  autorizada  para permitir  la entrada y tenemos que dar fe de que somos de una institución respetable. Además que necesitamos el RUT de la persona para que sea válido el trámite.

-Entonces,  fiscalizar  funciona. Pero ustedes  son  súper  pocos  y  en Santiago viven millones.
-Sí, pero si encuentras a una persona que contamina y haces que los demás la  vean,  entonces  se  dan  cuenta que la autoridad anda en la calle y que también les puede tocar ser fiscalizados.

-¿Abarcan todo Santiago?
-Sí, nos movemos harto. Trabajamos con un programa y además atendemos denuncias. En este período  hemos  salido  mucho,  se  han  hecho  hartos sumarios. No se puede decir que esta Seremi no ha hecho un control.

-¿Cuántos por jornada?
-Unos  cuantos. No manejo la cifra de todos los equipos, pero te puedo  decir que yo hago siete, ocho sumarios cada  día. Se trabaja de ocho y media a cinco y media, pero de acuerdo a las necesidades del servicio o de la población, se sale a otras horas, en horario nocturno. Hasta la medianoche o más.

-¿Trabaja con tecnología?
-Con nuestros propios órganos. Ves y hueles  la  quema  de  leña. Los sentidos se ponen muy precisos con el tiempo.

-¿No le ha tocado enfrentar una agresión fiscalizando?
-Si en un momento sale una persona arisca  y  prepotente,  se  insiste hasta  donde  más  se  puede.  No hay que forzar  o
amenazar, eso no sirve. Mi misión es educar  a  la  gente  y,  a  la  vez, hacerle  ver que  se  merece  un  tirón  de orejas  por  lo
que está haciendo mal.

-¿Cómo  es  la  preparación  de  un fiscalizador? ¿Cómo fue la suya?
-Ingresé al servicio en el año 70, con unos  veinte  años.  Era  como  una familia.  Todos  me  enseñaron  y  me mandaron  a  unos  cursos  de perfeccionamien to de seis meses, además de un año conociendo  la  materia, estadísticas,  archivos.  Los  colegas  se  conocían la  Región  Metropolitana  al  revés  y  al derecho.  Había  mejor  coordinación  con las municipalidades  y  la  Intendencia, claro que  la  población  era  menor entonces, Santiago  era  más  chico y estábamos sectorizados.  Cada  fiscalizador era  responsable  de  todo  lo  que  pasaba en  su sector.

“No hay que forzar o amenazar, eso no sirve.  Mi misión es educar a la gente y, a la vez, hacerle ver que se merece un tirón de orejas por lo que está haciendo mal”.

-Como el plan cuadrante de Carabineros.
-Muy  cierto.  Pero  después  la región creció demasiado.

-¿Fuma?
-Nunca me dio por fumar. Me tentaron en alguna época, pero no me gustó.

-¿En su casa fiscaliza?
-Fíjate que sí. Como que quiero ser ejemplo,  pero  a  veces  no  me quieren mucho  por  eso.  Me  hacen  caso, pero
cuesta.

-¿Cómo se calefacciona?
-Nunca he usado leña. Compré una estufa  eléctrica  pequeña  y  la rotamos por  habitación.  También  tenemos una
a gas.

-¿Tiene conciencia del valor de lo que hace por la ciudad?
– Esta labor es muy amplia y muy linda.  Agradezco  a  la  institución, porque creo que se valora poco lo que hacemos
y  es  re  importante.  Son  muy pocos  los recursos  que  hay  para  poder tener  más personal  y  mejores  condiciones  de tra-
bajo.  Pero  dentro  de  lo  que tenemos, soy un agradecido. Quedamos pocos de esa etapa antigua que contaba antes y no queremos  dejar  el  servicio.  Me encanta lo que hago y me da lástima que no haya más  gente  que  se  quiera  poner la  camiseta  en  esta  área  tan  importante para  la ciudad.