Ciper Chile dio a conocer uno de los 20 testimonios que la Iglesia chilena envió al Vaticano. La víctima tenía 19 años cuando el sacerdote le mostró sus genitales.
04 de julio 2012
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Jorge Cantellano tenía 19 años en 1979, estaba en proceso de discernimiento vocacional, cuando se alojó en la casa del sacerdote Cristián Precht, entonces vicario de la Solidaridad. Según el relato que fue enviado al Vaticano para documentar la acusación contra el sacerdote, esa noche Precht exhibió sus genitales al joven y le pidió que se los tocara.
De acuerdo a Ciper Chile -que publicó el relato de Cantellano- este es uno de los veinte testimonios que la justicia eclesiástica envió al Vaticano.
Según el relato, a pesar del impacto inicial, Cantellano logró rechazar al sacerdote y le dijo que lo que estaba intentando hacer con él era "cuestión de maricones", Precht no insistió, pero trató de justificar su acción como "formas de cariño en su familia". "Allí se terminó mi búsqueda de vocación sacerdotal", escribió Cantellano.
"A su favor declaro que no hubo intento de forcejeo y por el contrario se disculpó sinceramente", escribió Cantellano en una carta dirigida al mismo Precht y que envió con copia a autoridades eclesiásticas y laicos en octubre de 2011.
En 1980 el joven contó lo vivido con Precht a "personal consagrado de la Zona Oeste", pero recibió como respuesta que "a Cristián se le había puesto en un tratamiento clínico en el extranjero para superar su 'problema'". A su juicio, en la Iglesia hubo más preocupación por evitar la difusión del hecho que por ayudarlo a enfrentar la situación que había vivido. De hecho, nunca hubo tratamiento para Precht y, por el contrario, indica que comenzó a enterase de otros casos de jóvenes con los que el presbítero habría intentado intimar.
Cantellano, que actualmente vive en Australia, fue parte de la pastoral juvenil del decanato de Pudahuel Sur, en la zona oeste de la Arquidiócesis de Santiago, entre 1976 y 1980. Dijo a Ciper que se animó a dar a conocer su caso "porque considero que la Iglesia como institución tiene responsabilidad en que Cristián haya tenido la oportunidad de expresar su ‘cariño paternal’ a otros jóvenes en los 80's y los 90's".
Sobre este tema, el ex vicario de la Pastoral Obrera, Alfonso Baeza, defendió a Precht en una entrevista concedida a El Mercurio, donde dijo que “Cristián es una persona muy afectuosa, pero jamás en un sentido sexual. Él es muy cura. Tampoco tiene una personalidad avasalladora o dominante, que es la que responde al perfil de este tipo de personas. Él nunca tuvo poder sobre otros, como es el caso, por ejemplo, de Fernando Karadima”.
Agregó que “Cristián era una persona clave en la defensa de los derechos humanos, por lo que cada uno de sus pasos era vigilado y sus conversaciones telefónicas y cartas, intervenidas. En la puerta de la Vicaría, en calle Santa Mónica, teníamos siempre unos vehículos de los servicios de seguridad que nos vigilaban y nos seguían. La CNI hubiera usado cualquier actitud extraña de Cristián Precht para hundirlo, tal como lo hizo con otros sacerdotes. Además, a Cristián no sólo lo vigilaba la CNI, también las policías. Incluso, cuando vivía en una casa de la Iglesia en Departamental, tuvo una conversa con un detective que lo andaba siguiendo. Si hoy una acusación así es dolorosísima, en ese tiempo habría sido destructiva. Por eso, estoy convencido de su inocencia. Él no tenía una doble vida; no tenía esas yayas “.