Entrevista a Mario Waissbluth, Coordinador Nacional de Educación 2020
02 de septiembre 2010
02/09 | 16.30hrs.
Sondeo: 85% de las empresas entregará aguinaldo02/09 | 16.09hrs.
Despiden a sospechoso de incendios Las Condes02/09 | 11.47hrs.
Bachelet no quiere volver a La Moneda
Camila Infanta S.
Hace dos años Mario Waissbluth escribía una de sus tantas columnas en la revista Qué Pasa, sin saber que su contenido cambiaría para siempre su vida laboral. El texto en cuestión se llamaba Estatuto Docente: Una tragedia peor que el Transantiago y en él se daba cuenta, con estudios y cifras, del estado de la educación en Chile. Las conclusiones eran abrumadoras. El título de la columna no era una exageración. Waissbluth pasó de ser un reputado ingeniero químico, conocido en su círculo más próximo, a ocupar un lugar mucho más visible en la agenda pública.
"A la semana siguiente -recuerda ahora-, me pidieron que hiciera un manifiesto y hasta nos sacamos una foto con el grupo de trabajo de la Universidad de Chile. Pensaba que después de eso podría volver a mi cubículo, pero no fue posible".
Primero lo citaron de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados, instancia donde el texto que dio inicio a Educación 2020 fue aprobado por todos los sectores. A los pocos días, era la ministra de Educación de entonces, Mónica Jiménez, quien lo llamaba para hablar del tema.
En ambos casos le dijeron que debía seguir haciendo ruido si quería que el efecto de esa primera columna se convirtiera en algo concreto. "Y eso es lo que hemos hecho, seguir gritando. A veces quieren que nos callemos, pero no lo vamos a hacer", asegura.
Hoy Educación 2020 es un movimiento con todas las de la ley, una fundación que se financia con aportes privados, que tiene un grupo de profesionales que trabaja ad honorem y que cuenta con alrededor de 70.000 adherentes. El objetivo básico del movimiento es lograr una educación de calidad para todos los chilenos. En su rol como Coordinador Nacional de la iniciativa, Waissbluth habla aquí de la educación que tuvimos, de la que tenemos hoy y de la que sueña con lograr.
-¿Qué hitos destacaría usted en materia educacional en estos 200 años de vida independiente?
- Desde una perspectiva histórica hay que comprender que el país arrastra una herencia muy terrible de racismo, elitismo y clasismo. El concepto oficial a fines del siglo XIX, y también en buena parte del XX, era que no es correcto educar a las clases bajas al mismo nivel que a las clases altas. Esa era la ideología oficial. Hasta que uno no entiende la dimensión histórica cultural de la elite chilena resulta muy difícil entender en perspectiva esta cosa. Vicente Huidobro en 1923, lo sintetizó así: "La raza chilena no tiene remedio, la única solución es importar 500.000 europeos por año".
-¿Y esa idea era aceptada por todos?
-Cuando tú ves a la intelectualidad de Chile declarando esa barbaridad es porque aquí estaba instalada una ideología. Son frases de próceres. O sea, era una verdad absoluta. Hoy eso sería un escándalo, en ese momento era una frase normal. Esa idea llevó a que más de la mitad de la población viviera en un completo analfabetismo hasta hace un siglo.
-Pero eso cambió. Hoy los índices de analfabetismo son muy bajos.
-Lo que pasa es que a la élite de Chile le alcanzó el vuelo para aumentar la cobertura de la educación, pero no le alcanzó las ganas para aumentarla con calidad. Entonces hoy en vez de tener analfabetos, tenemos analfabetos funcionales. Antes para ellos no existían las letras; hoy ese mismo porcentaje lee, pero no entiende lo que lee. Hasta ahí nos ha llegado la convicción de la elite y no hablo de la izquierda, derecha o del centro: esto es una cosa de la elite. Al final lo que tenemos es un país de castas. Esto es una venta de cartones universitarios que nos permite jactarnos de que ahora todos son profesionales.
-¿Y eso a qué lo atribuye?
-A que tenemos el sistema de educación superior con menor regulación del planeta. Es alucinante. Nadie me puede decir que el país está aumentando su desarrollo metiendo cabros a la educación superior. Es más, las pruebas están. O sea, si es que hemos aumentado tanto el ingreso, ¿por qué no hemos aumentado ni siquiera un ápice de la equidad? Es extraño, o sea decimos que es un gran éxito y no hay nada de aumento en equidad. Estamos sacando desempleados no ilustrados que no entienden lo que leen, pero que tienen un cartón. Y que además pagan dos, tres o cuatro millones de pesos, a veces financiados con créditos fiscales.
-¿Cuando comienza esto?
-En los años 60 parte un período de destrucción de la carrera docente, que continúa hasta hoy. Antes sacar un título de pedagogía era igual de bien mirado que cualquiera otra carrera. La destrucción comienza con Eduardo Frei Montalva. El conjunto de políticas que se adoptaron fue la tormenta perfecta para matar la carrera de pedagogía. Entonces comienza la masificación de escuelas, el corte de cintas, pero no con la lógica de que esas escuelas tienen que ser llenadas por buenos profesores bien remunerados. Ahí se empiezan a dar títulos de pedagogía con estudios de dos años, con programas especiales.
-¿Y qué pasó después?
-Se municipaliza la educación y con ello se les baja alrededor del 40% de los sueldos a los profesores y se les quita la jubilación. Si al final lo único rescatable es que los gobiernos de la Concertación hicieron grandes esfuerzos por recuperar la remuneración perdida y subió bastante, pero aún así sigue siendo una de las profesiones peor pagadas, peor formadas y peor miradas.
-Si tuviéramos que rescatar algunas de las características de la educación chilena que se daba en el pasado, ¿cuáles serían?
-Antes, a pesar de que poca gente la recibía, la educación era de mejor calidad. Hay gente que mantiene la tesis de que era necesario, de que primero se aumentaba la cobertura y después la calidad. Yo no me compro eso. Creo que fue el error más grave de la historia de Chile. Hay daños irreversibles, son hordas de gente que no sabe lo que lee y que salen todos los años.