El enorme castaño era el único elemento externo que la niña podía mirar desde su escondite de los nazis, en Ámsterdam.
23 de agosto 2010
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EL ENORME CASTAÑO que inspiraba a Ana Frank, la niña judía que se escondió junto a su familia de los nazis, cayó ayer producto de los años y el viento.
El árbol era lo único que la pequeña escritora podía ver desde la achterhuis (o casa de atrás), ubicada en Ámsterdam donde vivió por dos años, desde 1942 a 1944, por lo que es considerado un símbolo de la libertad de la creatividad por sobre la represión política y racial.
Hoy un fuerte temporal fue capaz de derribar al gran castaño que, tras la guerra, había resistido seis décadas de plagas, intentos de botarlo y al implacable tiempo. Ahora lo único que queda del árbol que tenía 150 años y era uno de los más antiguos de la capital holandesa es metro y medio de tronco, el resto está esparcido por el suelo.
EL ÁRBOL MUERTO captó la atención de los medios de todo el mundo cuando en 2007 las autoridades de Ámsterdam ordenaron cortarlo para que no supusiera un peligro a la seguridad de los ciudadanos.
Pero tras varias portestas la gobernación de la ciudad decidió rodear el castaño de 27 toneladas con un sistema de apoyo de acero que, sin embargo, no resistió la ventisca de hoy.
En la oportunidad la Fundación de Ana Frank recogió castañas y las envió a numerosos colegios de todo el mundo para que las plantaran y hoy muchos cuentan con un "descendiente" del original. Sólo en el Bosque de Ámsterdam hay 150 árboles plantados de la misma forma.