La Hora | EDICIÓN martes 11 de mayo de 2010 | PAG: 4
Según un estudio de la Universidad Bernardo O'Higgins presentado en conjunto con la Policía de Investigaciones
Fue hace tres años, pero la psicopedagoga del colegio lo recuerda como uno de los casos más fuertes de grooming (acoso por Internet) en el establecimiento. Todo partió en un viaje de estudios, donde muchos aprovechan de vivir su primera borrachera. Ese fue el caso de P. S., quien en ese entonces cursaba tercero medio. Al regreso las bromas en su Facebook se multiplicaron. Luego se transformaron en insultos y descalificaciones en las que se le sindicaba con crueles apelativos. A las semanas ya no se trataba sólo de bromas de compañeros, sino también de gente de otros círculos que se habían hecho parte de este ciberacoso. P. S. cayó en una depresión, al punto que su colegio tuvo que realizar una investigación interna. "Tuvimos buena coordinación y logramos que se calmara el asunto. Los compañeros pidieron perdón y se investigó a los involucrados", cuenta la profesional, quien prefiere guardar su identidad y la del colegio. Lo vivido por P. S. es uno de los tantos casos que se producen a raíz de los datos que se exponen en las redes sociales. Según el estudio Exposición electrónica de adolescentes en redes sociales Chile 2010, de la U. Bernardo O'Higgins presentado en conjunto con la Policía de Investigaciones, cerca del 30% de los jóvenes menores de 17 años publica información personal en sus redes sociales (Facebook, Fotolog, Twitter, entre otros). La investigacion se realizó con una muestra de 600 cuenta de Facebook de menores de edad, elegidos aleatoriamente, en donde se tomó en cuenta el grado de privacidad de cada perfil. Por ejemplo, el 60% de los casos permite comentarios sobre sus publicaciones, el 14% publica su sitio web y el 3% su teléfono móvil. Otros datos frecuentemente publicados son fechas de nacimiento, fotos e intereses personales. Ante ello el subsecretario de Investigaciones, Mario Desbordes, advierte que "cuando los padres vean a sus hijos encerrados en su pieza con el computador y están tranquilos porque los tienen protegidos están equivocados. Es el mismo riesgo que dormir con puertas y ventanas abiertas". Lo preocupante es que contando con datos como teléfono, domicilio o nombre de los padres los menores pueden ser contactados para realizar estafas telefónicas. De hecho, el vicerrector académico de la UBO, Sergio Becerra, alerta que "lo que más llama la atención es el alto nivel de vulnerabilidad que dejan los datos. O sea entregando toda esa información se puede estafar a alguien o dejar que sus mismos pares lo molesten o le realicen grooming".